La esperanza es un huevo

M. Á. Contreras Betancor|

 

Las gaviotas sobrevolaban un cielo azul Facebook.

Dicen algunos que afirman saber qué dicen cuando se refieren a lo que sea que entiendan que deben hablar, que la vida es un viaje y que los viajes conforman nuestra existencia. Sentencian otros, porque siempre hay otros que están escondidos tras una esquina esperando a esos «algunos», que un libro de autoayuda resulta la mejor forma de acabar con esta vida cruel. Bah. Siempre nos quedará el placer de la lectura que emana de esos bolígrafos de precio asequible, o no, y final que ensarta almas, estremece ausencias, provoca la risa y reconcilia la querencia por la literatura.

El vértigo del viaje. Buscando a Zafón (Medellín: Alcaldía, 2021) de Andrés Delgado.

Si tengo que morir, y parece que ese final cuenta con serias posibilidades de hacerse realidad —como a todos—, antes de tal conclusión, quiero que mi existencia quede atrapada entre textos metaliterarios y narraciones que describan lo que pudo ser un viaje técnico que un supuesto azar y una más que evidente necesidad, reconvirtieron en una de esas piezas literarias que me gustan, que disfruto… Ahora bien, no pierdo de vista que el viaje del autor tenía como fundamento el conocimiento de cómo funcionan las bibliotecas públicas de Barcelona por un convenio de colaboración entre la Ciudad Condal y Medellín. Hasta ahí todo más o menos claro.

El literato antioqueño, que había descubierto a Carlos Ruiz Zafón unos años antes, entendió que podría matar dos pájaros de un tiro: Conocer cómo se las apañan las bibliotecas barcelonesas y a la par recorrer la geografía del autor de El príncipe de la niebla, mas reconoce el también escritor de Sabotaje (2012), que «estaba buscando a Zafón y terminé encontrando un abismo»: Tal vez resulte un despropósito intentar ver «en la realidad lo que alguna vez leímos». Incluso cabe la opción de que en tal afirmación se esconda otra explicación. Pero esto no concluye.

Los recorridos por el entramado de la urbe mediterránea, que hasta 1992 daba la espalda al puñetero Mare Nostrum, llevan al alter ego de Delgado, un tal MartínLimón —¿o será al revés?— a reconocer que unas de las ventajas de caminar solo «es poder pensar cualquier cosa sin caer en la tentación de compartir», reflexión que lleva adosada una carga de profundidad: La soledad resulta un arma cargada de silencios.

Habla Delgado, en ese ir por las calles empedradas de, por ejemplo, un barrio gótico de mentirijillas creado a principios del siglo XX, de los famosos talleres de escritura creativa, lugares donde quienes no saben pero quieren, se aprestan a descubrir los arcanos del hecho literario con la sana intención de aportar su granito de arena. También están aquellos que sin más pretensión que disfrutar, se dejan llevar por el verbo del profesor; incluso el docente puede llegar a ocupar una plaza, aunque sea momentánea, como alumno, porque no todo está escrito por quienes se dicen portadores de la llama en tinta.

Sin lugar a dudas, podría continuar desvelando más aspectos que Delgado recogió en su «libretica» de notas entre idas y venidas barcelonesas, pero fiel a mi estilo decido que hasta aquí hemos llegado, mas recordando una cita que me ha gustado, —y por las páginas de El vértigo… hay para escoger—, elijo esta:  «Un buen escritor se mide por la capacidad para joderles la vida a sus personajes».

¿Se acabó. Acaso la esperanza es un huevo?, podría ser, pero dejo una más: «Una descripción se puede contradecir, lo que sentimos no».


© Miguel Ángel Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ