Ciento veinticinco mariposas

M. Á. Contreras Betancor|

 

Tan pálida y sensible que debe hacer una cita poética cada cinco minutos.

Cada uno es capaz de tener sus preocupaciones, alguna tan singular como aquella que trata sobre aviones de guerra que «sobrevuelan la ciudad para calcular cuántas bombas deberían soltar para matarnos a todos», casi como en 1714 pero sin redes sociales. Si fuera un tipo mal pensado, líbreme Nuestro Señor, podría jurar sobre las ascuas de una parrilla decimonónica, que he llegado a escuchar la voz de un tipo que me recuerda a Mili Santamarta, el histriónico ser humano que anda por la avenida del Tibidabo, pero resulta que no…

Vais a decir que estoy loco (Alrevés, 2021), de Andreu Martín.

Frank Ascás fue un hijo de clase acomodada que en algún momento sufrió una confusión fruto de un padre con el que de pequeño jugaba, pero a quien se le fueron cruzando las angustias. Ascás es un dibujante de cómics que viajó hasta Angulema con gran alegría para su prestigio. Pero eso no es importante, lo verdaderamente interesante es que este personaje tiene alma de asesino en serie… «Yo no follo. Yo mato». Sin embargo, usted podría pensar que está loco.

La historia que Andreu Martín desarrolla no es otra que un aparente viaje hacia ninguna parte, pero un recorrido que contrariamente a las apariencias, va más allá de que Karakulum Phanatikon tenga los ojos en las nalgas, de manera que «tener los ojos en el culo le obliga a caminar» retorcido y pegado a una nariz que realmente son almorranas. Pero no, este personaje fruto de su particular creatividad tampoco se debe tener en cuenta, aunque, quién sabe.

Y luego está Beata Pía, la vecina Blanca por quien siente algo que se aleja del sexo y a quien la mala fortuna ha enviado al más allá. Y cuando se ha logrado entrar en la mente de Skaass, resulta que el autor de Prótesis sacude la trama con esa sutileza reservada al buen escritor, al gran narrador. No, no espere más, de usted depende. Por cierto, ¿Mermelada de ciruela o naranjas amargas?


©Texto: Miguel Ángel Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ