De apóstoles y almas perdidas

M. Á. Contreras Betancor|

 

Son sólo larvas de mosca.

Habrá un final para todos. Es una verdad que aprendemos en la más tierna infancia cuando nos toca enterrar, conteniendo unas tímidas lágrimas, al mirlo que tantas alegrías nos dio. De acuerdo, ahora los niños entierran la consola y lloran por el móvil perdido. Pero no estaría mal que los más despistados descubrieran que la vida no es eterna al estilo de una batería de cualquier artilugio electrónico.

La existencia y su eterna lucha entre el bien y el mal sin importar si esas batallas se libran en el campo de la ficción científica o se adentran en el inquietante mundo zombi. Sea como sea, siempre encontraremos los comportamientos tan familiares como el de la solidaridad, el amor, el desprecio, la ambición, abusos varios, el miedo, la insolidaridad más descarnada… y todas aquellas ‘virtudes’ que nos hacen ser unos seres vivos tan singulares, a rebosar de matices y con unas ganas terribles de pasar a la posteridad sin que notario alguno deje constancia de nuestro paso.

En Los caminantes. Hades Nebula (Ediciones Minotauro, 2014) del escritor Carlos Sisí, la trama comienza en Málaga aunque realmente se desarrolla en Granada, en La Alhambra, en un ambiente postapocalíptico, donde los humanos vivos luchan contra los zombis –que antes lo habían intentado. Antes de acabar malamente–. Pero…

Pero ocurre que la novela está muy bien escrita (oiga, ¿y ese aspecto es destacable?, ¿Y usted se llama lector?, responde alguien.), describe a los personajes sin acudir a los tópicos que tan tópicos resultan. Provoca que reflexiones como aquella en la que durante una conversación uno de los personajes recuerda lo acaecido con Galileo y enlaza con la crisis zombi que viven. “¿No crees que puede haber cosas ahí fuera que nuestra ciencia se negaba a considerar?”, y añade, “si lo piensas bien, los científicos no han cambiado tanto desde el medievo”. En esa misma línea de pensamiento, la situación que se describe en la novela –el triunfo momentáneo de los zombis–, tendría que ver precisamente, “porque el hombre, tan seguro de su supremacía” cometió el error de subestimar lo que tenía delante de las narices.

De entre los personajes que pueblan las páginas destaca el padre Isidro, un sacerdote llamado a ser el brazo ejecutor de una venganza, el hombre portador de la verdad eterna, el liberador de los oprimidos, de las almas perdidas ¿De todos los oprimidos?, bueno, llegados a este punto y tras conocer qué es el Necrosum y el Esperantum, será cuestión de que usted se sumerja en el texto para apreciar el contexto.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ