Sonidos de la vida

M. Á. Contreras Betancor|

 

Sabes que no me gustan los muertos.

(… Es de noche. Una mujer pensativa mira a través

de la ventana. Alex se encuentra sentado frente a una vieja mesa

mientras Gerardo deambula)

Cuando llega el momento es preciso hacer frente a la situación, ni siquiera amagar con la respuesta: Se golpea primero y luego veremos… qué ocurre, el nivel del daño infligido y las posibles reparaciones siempre y cuando detener una hemorragia se entienda como una necesidad.

Estados Circulares (1983) de Inés Muñoz Aguirre.

Miedos, reproches y justificaciones (tal vez cariño, aunque no lo parezca) conforman el hábitat de esta propuesta teatral (la ópera prima) de la dramaturga venezolana en la que tres personajes –pero con todo el peso sobre los hombros de dos– circulan entre los temores por una acción resuelta según la planificación y una mirada atrás, donde uno de ellos sólo ve angustias, ‘cadáveres’ de una existencia indeseable y un sinfín de temores, mientras que la otra parte de la ecuación golpea sobre las heridas que jamás han cicatrizado. “Todo lo que se quiere olvidar se olvida”, afirma Alex con esa seguridad de quien abandonó el lugar común.

No es de la misma opinión Gerardo, el niño que sufrió las ausencias, el adulto que jamás se ha recuperado, el mismo que pide ayuda, que reclama respuestas: “Por nuestra sangre ha corrido la herencia del fracaso”, afirma.

Es esta, una obra de espacios cortos, de quietud que no parálisis; tal vez de minimalismo en los gestos y golpes contundentes desde el alma. ¿Qué es la muerte?, posiblemente una solución a los problemas de libertad, responde alguien. ¿Y el arrepentimiento?, es algo que “jamás debe esperarse”.

Voy… ya voy papá…”


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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