El telar galdosiano

Miguel Ángel Contreras Betancor|

 

Dante le ofreció a Galdós un empujón espiritual, que incentivó su vida interior.

El libro que centra mi atención es una biografía, género literario que goza de gran predicamento entre muchos de los amantes de la literatura, pero no sólo de ellos, también existen aficionados al simple cotilleo y famosos de todo pelaje que salivan ante el resultado de un canto a sus virtudes salido de la pluma de un ser anónimo –llamado negro, según la jerga– que ha debido soportar los aires de grandeza de (en muchas ocasiones) individuos a quienes no soportan ni sus más allegados.

¿Y por qué estoy dando vueltas sin entrar en materia?, porque a veces es necesario dar un rodeo para centrar la atención, trazar un circunloquio con toda la intención… que no es otra que demostrar que el género biográfico ofrece ejemplos de cómo narrar la vida y obra –los milagros quedan para otra ocasión– de una de las grandes figuras ¿del ámbito literario español y universal?.. Sí, pero algo más, porque el texto que me ocupa es…

GALDÓS. Maestro de las letras modernas (Ediciones Valnera, 2020) de Germán Gullón.

La presente biografía de Benito Pérez Galdós huye del estilo engolado, de esas poses –supuestamente eruditas– que hacen huir al más templado de los especialistas y que generan entre el lector un rictus de difícil arreglo por parte de un cirujano plástico. El trabajo de uno de los mayores especialistas en el autor de La desheredadaMisericordia Fortunata y Jacinto, resulta, y aquí seguimos en el universo de las opiniones, una pieza hermanada con el estilo ensayístico que reconforta a quien esto escribe, sobre todo porque he tenido la oportunidad de leer algún que otro trabajo dedicado al insigne don Benito, cuyo resultado final me ha dejado un regusto no muy dulce.

En GALDÓS… (de cuidada edición), Gullón es fiel a su compromiso en cuanto a entablar un diálogo con el lector, un sujeto que no es tomado como ese rehén pasivo al que únicamente le resta aplaudir o refunfuñar, según transcurran los párrafos, porque y ahí está el catedrático de Literatura española, mirando fijamente a los ojos del leedor: “Resulta importante, lector, que entienda”…y es esa complicidad la que integra en el relato, tanto a los ojos del neófito como a la mirada escrutadora del experto, que tienen la posibilidad de comprobar cómo se crea la urdimbre del telar galdosiano.

Pero esto no es todo. Afirmaba Germán Gullón (soy un poco redundante) en relación a esta biografía que “Yo quería hablar –dialogar– con los libros de Galdós” y por ende transmitir al lector los datos fundamentales que dejen el acceso expedito a las “entrañas del creador”, el mismo que edificó universos de la talla de Marianela o Electra. Y lo consigue.

Existe otra cuestión que entiendo, merece la pena apuntar para disfrutar de la lectura de esta obra que homenajea el centenario de la muerte de don Benito, y así, Gullón se refiere uno de los aspectos esenciales que conforman el ser de Pérez Galdós: la introversión, una seña de la identidad del autor grancanario que no es otra cosa que la defensa a ultranza de su vida privada y es ahí, en lo que recuerda el autor como las galerías del alma a las que se refería Antonio Machado, donde el notario de los Episodios nacionales, “aposenta todas aquellas cosas” –relevantes– que le van diciendo, que preguntan; que él escucha pero que no entiende necesario publicitar por más que la curiosidad de quien lo interpela demande una respuesta, aunque el ‘curioso’ fuera el propio Clarín en su lucha por dar forma a  Benito Pérez Galdós: estudio crítico-biográfico (1889).

No quiero olvidar algunas frases que salpican la geografía de esta biografía que de alguna manera inmortalizan al Galdós, un simple mortal con esa capacidad para “observar la vida con una mirada culta, y representada con la prudencia de una mirada contenida”, un novelista que “retrataba la sociedad de su tiempo con minuciosidad y rigor en un mural verbal”.

Y termino con una reflexión de Germán Gullón tan certera como contundente: “La literatura no está en una urna para ser vista y admirada”.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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