Tobogán al vacío

M. Á. Contreras Betancor|

 

Cada espacio es una palabra grande y muchas pequeñas.

Estudió Literatura hispánica, odia la música de Pedro Infante, de pequeño… de pequeño quiso ser cura, pero como la vida tiene su particular sentido del humor (o algo mucho peor), y como sea que hay intenciones que se quedan en eso, el personaje trabaja como detective de la Policía Ministerial del Estado de Sinaloa (México), un agente de la ley muy eficiente, porque “yo siempre encuentro al culpable”.

Balas de plata (2008) de Élmer Mendoza.

La génesis de El Zurdo Mendieta tiene su fundación en este texto surgido de la imaginación –porque si afirmo que es hijo de la más cruda realidad, tal vez usted no me crea– del autor mexicano padre de lo que se ha dado en llamar la narcoliteratura, ya sabe usted –porque sé que así es– que los seres (humanos) somos muy dados a crear etiquetas, no sea que se nos adelante otro por el flanco débil.

Y ahí está Edgar, en su casa hasta que llega Ger, la mujer “madura y robusta” que mantiene su existencia, la de Mendoza, dentro de un cierto orden aunque tal situación se limite a las cuatro paredes de su casa, a pesar de algunos agujeros que hacen las veces de un sistema de ventilación no deseado. A lo largo del texto encontrará algún que otro guiño a modo de homenaje –Rulfo mediante– y de cierta mala leche literaria: “Eres policía y detestas la literatura policiaca”, incluso menciona a Javier Valdez Cárdenas, un periodista especializado en las tramas del narcotráfico, que fue asesinado en Culiacán en 2017, y de quien leí Malayerba: La vida bajo el narco, un compendio de artículos relacionados con la mafia mencionada… que hiela la sangre, que desanima hasta el mismísimo agotamiento ético y moral de quien va en un tobogán hacia el vacío.

Creo que llega el momento de terminar, no sin antes recordar que “Un hombre solo es víctima de las moscas, las ventiscas y los ausentes” y conocer la respuesta a esta pregunta:

¿Te acostarías con una mujer triste? Nunca, las prefiero con voz almidonada”.

Mendieta en estado de gracia; Mendoza, también.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ