El hacedor de sentimientos y la arquitectura moral de los personajes

M. Á. Contreras Betancor|

 

La metáfora resulta una herramienta de gran utilidad o puede devenir en un disparo que atraviese el empeine ocasionando una cojera de proporciones bíblicas. Dado que este comentario tiene que ver con la literatura, hago mía la primera opción y me lanzo a la arena convencido de que nada puede ir mal. Optimismo patológico.

Sea como fuere, y observando el tiempo que me ha tocado vivir, en una decisión suicida parafraseo a Calderón y afirmo que además de un frenesí, la vida resulta una figura geométrica; podría optar por una hexágono, incluso casi me seduce un triángulo isósceles, pero vista la tendencia al regate fàcil –pecado del que estoy perdonado– he decidido que el círculo sea el protagonista de este espacio. Circular es una mesa para jugar a las cartas, para iniciar una partida que, cosas de la existencia, no sólo es el mero reparto de naipes y juego de miradas; sobre un tapete verde caben otro tipo de envites, de inicios… de viajes.

El autor Christian Santana Hernández (Gran Canaria, 1975) ha concluido unos pequeños detalles y como resultado tenemos a la vista la próxima presentación de La partida (Mercurio Editorial), el título de la nueva novela con la que, estoy seguro, se confirma una propuesta literaria singular. Pero todo a su tiempo.

Hay historias que se consumen a la velocidad de un suspiro y otras que requieren acudir a la técnica del macerado hasta alcanzar el momento justo, si bien en otros casos –los humanos siempre tan diferentes, mas casi siempre tan iguales– es preciso recurrir a la paciencia, una virtud que olvidamos con cierta frecuencia. Una paciencia (y más) de treinta y siete años que responde al apellido MacDonald.Hay familias que por mucho que quieran mejorar sus vidas, terminan cayendo en manos de la desventura”, como fruto, de «una mala decisión”, afirma el autor.

En esta trama urdida por el también creador de Artistas del odio, se dan cabida una amplia gama de seres cuya arquitectura moral, y aquí retomo lo dicho más arriba, está perfilando una línea, un discurso literario, como si de una variante de la espeleología se tratara, una forma de estudio de la naturaleza, de la caverna humana. Y con estos elementos, Christian asienta una tipología de individuos que entroncan con el espíritu shakespiriano avanzando hasta los ecosistemas ideados por Agatha Christie o Conan Doyle, entre otros.

Y prosigo.

Surge en la historia otro jugador porque el “destino va con tu existencia sin que las huidas continentales sirvan de mucho”, y así el lector será testigo de cómo se ahondan en las heridas al enfrentarse a Gondorff, un personaje “sumamente complejo, hecho a sí mismo y poco dado a conceder segundas oportunidades”.

Transcurre el tiempo de la charla entre tímidas caricias de un aire que se resiste a compartir su alivio, salpimentado con sonrisas y constantes referencias literarias que oscilan entre la ficción, el ensayo, la supervivencia de egos que dan bandazos y el diario acontecer, que bien exprimido, deposita algunas gotas en el recipiente del que surge –o no– la idea.

Las pasiones, debilidades y visceralidad son elementos consustanciales a la especie humana”, ese trío se pudo comprobar en Pacheco, se comprueba a diario y claro, que se haya plasmado en La partida resulta porque “lo tengo muy metido en el alma”, surge de forma natural porque “ese es el cosmos que habitamos”. Se cierra la circunferencia a una velocidad sin atropellos porque los personajes de esta novela –y sí, no hay quinta mala– van cicatrizando todas las fugas que han acompañado su existencia.

El final está llamando a la puerta, la culpa y la venganza, el temor y la necesidad de vivir después de tanto sobrevivir, urden la trama. Los naipes han volado sobre el tapete repartiendo su regalo, apuntalando querencias o confirmando desprecios. La partida vital llega a su final gracias a la destreza que se empezó a fraguar en el niño de doce años, entre cuyas manos su padre depositó Hamlet. Lo que ocurrió a partir de ese descubrimiento se expresa en la obra literaria y vital del protagonista de estas líneas.

Escriptum est.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

©Fotos: Isabel G. Álvarez de Sotomayor

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