Demasiado tóxico para el infierno

M. Á. Contreras Betancor|

 

La tarde se deja carcomer por las traidoras sombras de noviembre.

Existen ubicaciones geográficas marcadas por una línea fronteriza que separa el bien del mal siempre y cuando usted entienda que trazar una serie de puntos es razón suficiente para diferenciar el infierno de la incertidumbre, y aquí se podría entender que quien escribe esto no tiene muy claro los matices entre el espanto, el horror y la paz celestial. Podría, pero no es el caso, afirmar que Ciudad Juárez (México) jamás verá temblar su abominable liderazgo y el terror que esconden sus espacios desolados, si ponemos frente al espejo a un barrio que es más que un barrio de una gran ciudad española: Tres Mil.

El sonido de tu cabello (Alianza Editorial, 2020) de Juan Ramón Biedma.

El novelista que se propone contar una historia en pleno siglo XXI debe tener en cuenta un sinfín de factores, pero también puede pasar por alto todos y cada uno de ellos y ponerse a describir la existencia humana de una serie de seres con toda la complejidad que supone abrir en canal el alma de unos mientras realiza equilibrios para no salir espantado por el fondo de otros, porque no hay infierno que aguante tanta toxicidad.

Resulta que en un motel no muy lejos de Ciudad Juárez trabaja una mujer, Edelmira a quien se acerca un hombre que “trae legañas de llanto reciente”. Allí, en ese lugar perdido de la República mexicana, en una pared a reventar de fotos de hombres, niños, pero sobre todo de mujeres desaparecidas que nadie busca, salvo esos lagrimales secos de tanta añoranza… se muestran las huellas del recorrido por venir.

Una escena más adelante y la trama se sitúa para siempre en Sevilla, o para ser más concreto, en Las Tres Mil.

En la presente historia se dan cita unos nombres, que prestando algo de atención, marcan pautas –o eso creo, porque la infalibilidad la dejo para otros– PerpetuaSacramentoSetSantaOrujo mediante. Por otro lado, pero siempre a la vera, descubrimos al Dios de los evangelistas, aquellos hombres que cubren las necesidades de algunos y tal vez, las suyas. Un abogado –puto alivio– que se nutre de estafas, que huye de un recuerdo filial, que defiende… Así mismo, está quien abandona la prisión sólo con la idea de aclarar algunas cosas con varios seres e ir al balcón desde el que contemplar un último ‘vuelo’. Esa violencia–Mento– que tendría su origen en… pero que ¡oh sorpresa!, no es por ahí.

Los retratos que Biedma ha plasmado en su lienzo con la soltura del mejor escribano y la destreza de un buen pintor, muestran al respetable que la literatura nacional puede alcanzar la excelencia sin precisar de fuegos artificiales y decorados deudores del cartón piedra, haciendo que alguna de las criaturas que pueblan El sonido… establezcan una frontera clara entre memoria y sentimientos. ¿Y el lector?.. que lea.

Scriptum est.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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