El asunto

M. Á. Contreras Betancor|

 

No deberías tomarte la vida en serio, (…) ni siquiera vas a salir viva de ella.

Cuando la compañía humana resulta un imposible a pesar de haberlo intentado por activa y lo siguiente, ¿llega el momento de adoptar medidas drásticas? Veamos. Si usted asume que su presencia en este mundo cruel debe estar ligada al contacto con otros seres de su especie, lance su candidatura y espere noticias, organice un encuentro festivo en una verde llanura o compre su anhelo. Por el contrario, y si tras muchos intentos llega a la conclusión de que será mejor compartir su paso por esta galaxia con un trozo de plástico, es cuestión de leer. Pero…

Felicidad a domicilio (La Esfera Cultural, 2020) de Francisco Concepción.

Pero no todo es tan sencillo, ni siquiera me fiaría del párrafo inicial, so pena de perder la esencia de este nuevo trabajo del escritor tinerfeño, un hombre de mente inquieta que diseña proyectos interesantes y que en esta novela plantea un universo, que ni es tan lejano ni mucho menos increíble. Existe un Sr. Pérez, hijo del “desánimo y la melancolía y nieto del abatimiento”, –no sé por qué oigo retazos de un jiennense– que trabaja en una empresa que fabrica cyborgs. Incluso se hace presente un alter ego de alguien en relación a alguien: Los malditos galimatías que tanto me persiguen.

Llegará Elisa, que atrapada entre la ironía y un refrán al caer de su boca sensual, intentará conocer el por qué de esas formas de ser; que hará esfuerzos por llegar a la raíz de ciertas angustias pero olvidando que ella es una mujer en estado de aprendizaje a pesar de lo cual, terminará siendo una persona de armas tomar.

Aborda este trabajo de Concepción un tema muy sugerente, a rebosar de matices que ningún guionista puede solventar con una frase lapidaria. Se dejan caer ciertas ausencias éticas y morales de una empresa tecnológica que no hace ascos a las pretensiones de seres ‘humanos’ que solicitan dar rienda suelta a sus depravaciones: ¿Se lo permitimos y así la sociedad se ahorra los horrores? ¿La opción de plástico asegura que jamás querrán probar otras cosas? Y algo más: ¿Un robot puede superar a los humanos en inteligencia, feminismo y justicia?


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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