Aversiones y querencias

M. Á. Contreras Betancor|

 

Volvió a arrancar y continuaron en un rencoroso silencio.

La posguerra es un periodo que ofrece muchas variantes al novelista que elija ese momento para ambientar su historia con un sinfín de matices que están a su alcance. Y todo lo que ocurre a partir del final de la Guerra Civil es un territorio que parece completamente explorado, pero… en el que el género negro tiene mucho que decir.

Balas de paja (Ediciones Rubeo, 2019) de Luis de los Llanos Álvarez.

Han transcurrido veinte años desde el final de la Guerra Civil. Un pueblo, Villaciegos, acoge entre sus polvorientas calles, las ajadas paredes de viviendas y chamizos miserables, a todo un universo humano en el que todavía campan a sus anchas los rencores, demasiados odios y miseria por doquier. Un nuevo responsable de la Guardia Civil, el teniente Gastón, llega y se estrena con la aparición de dos cadáveres salvajemente mutilados. Tras el inicial desconcierto y un mar de rostros desencajados, se conocerá la identidad de los muertos, y una “avenida de dolor arrumbó toda incertidumbre”. Por ahí estará Aquilina, la madre de un finado, quien esboza una “sonrisa de cerrado por derribo”.Y el párroco, don Braulio, que presenta sus credenciales cuando afirma: “Yo no creo en nada, no ves que soy cura”, y aunque esa afirmación tenga la apariencia de una rueda que chirría, casi siempre hay más de lo que parece.

Caciques en todo su esplendor que aspiran a que la situación permanezca casi igual, que nadie se mueva en exceso; SEAT 600 que cuestan sesenta mil pesetas, la gran ciudad que deslumbra como ese becerro de oro que promete una vida mejor; violencia hacia la mujer, hombres molidos a palos; verdades que parecen irrefutables, apariencias.…Supervivencia –aversiones y querencias– en tiempo de extrema necesidad aunque en el horizonte esté por aparecer la España del desarrollismo, eso que algunos llamaron el milagro económico.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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