Itinerarios

M. Á. Contreras Betancor|

 

Somos la ley, pero no somos el poder.

Observar con paciencia contra el vicio de mirar con los ojos de un viajero que llega tarde a la puerta de embarque, contemplar lo que acontece mientras se saborea un café, el penúltimo whisky o la última dosis del analgésico que calmará el dolor cuyo parada final resulta ser el antipático traje de pino. Pero siempre –o casi–, se presenta la oportunidad de descubrir un matiz como es el caso de La muerte sabía a chocolate (M.A.R. Editor, 2020) escrita por Pascal Buniet y ganadora del IX Premio Wilkie Collins de Novela Negra.

Resulta que el autor francés se fijó en esos guiris “migrantes” que han comprado una casa en cierta zona turística situada muy lejos de su país natal, lugar en el que pasan largas temporadas tostándose bajo el sol atlántico y macaronésico de Canarias. Ocurre que esos seres, con una pensión que les permite tumbarse a la bartola entre la arena rubia de las playas mientras se ríen de aquellos que no tienen su fortuna, son unos tipos a quienes importa un pimiento el paisaje y el paisanaje de ese lugar idílico que han elegido para superar la resaca diaria. Son esos individuos, y ahí Buniet capta la psicología de este tipo de residente, unos seres (humanos) que sólo se alimentan con la compañía de sus compatriotas. Es éste, un fenómeno no exclusivo de Canarias y que cualquier observador puede detectar en Baleares, Comunidad valenciana, Andalucía o en la Bretaña francesa.

Ocurre que habrá un delito, asesinato, en la zona francófona de Bélgica cuya víctima es un poderoso empresario por quien muchos sienten algo parecido al desprecio. Resulta que la trama del también autor de Sombras en la meta, se desarrolla en varios itinerarios, en otros tantos espacios físicos y mentales, generando unos círculos concéntricos donde se ubican cada uno de los protagonistas. Puedo asegurar que se llevará más de una sorpresa, algún sobresalto, en esta trama urdida por el escritor y Licenciado en Filología inglesa. Sus cuatro décadas de residencia en el sur de Tenerife son las ‘culpables’ de que usted pueda disfrutar de esta otra cara del sol y la playa, de esos entrañables jubilados de sandalias y calcetines.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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