Destinos y desaciertos

M. Á. Contreras Betancor|

 

A mí me había tocado en la vida atender a lo insignificante.

Nosotros, pero no el grupo, ni la masa. Cada uno de nosotros como individuos, por separado, contados uno a uno –bastante trabajo supone como para agregar a un batallón– vamos sumando destinos y desaciertos que no son otra cosa que la suma de decisiones que podrán gustar más o menos: De gusto y coloridos jardines.

Cuando duermen los dioses y labestias (Célebre Editorial, 2020) de Soledad Monticelli.

Las cosas insignificantes no acumulan muchos seguidores pero van sobrados de detractores que se burlan cuando se aburren creyendo que sus carcajadas podrán tapar la insignificancia de sus propias existencias: No es una afirmación aunque parezca todo lo contrario, pero ¿Y si lo fuera? Jamás había pensado que la ‘i’ minúscula “además de ser aburrida como toda línea recta”, albergara en su interior el germen del suicidio puesto que es un “camino llano, directo hacia una interrupción abrupta”. Por contra, la ‘U’ no es otra cosa que un “pozo sin salida, peligrosa, ciclotímica, un sube y baja emocional”, afirma González, quien narra cómo su mente prosiguió cultivando su “majestuosa mortalidad”, mediante la exploración de las más misteriosas “e intrépidas insignificancias”. ¿Cómo se le ha quedado el alma?

La autora argentina explora esa sustancia espiritual e inmortal de la que tanto hablamos, pero no se lanza desaforadamente en busca de respuestas –descubrimientos– como si le fuera la vida en ello, Monticelli traza una vía para que usted vea esos otros ángulos, observe desde una nueva perspectiva lo que se entiende como normal, común. Vea si no el caso de Juan, un tipo que observa las nubes despojado de cualquier interés científico y atrapado por la belleza de esas construcciones etéreas. Y luego llegan ChristianElena, Vivi

Y a una primera parte le sigue otra… sin salir del mismo enclave.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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