Su propia sombra

M. Á. Contreras Betancor|

 

Vivir permanentemente en la duda es mucho más romántico.

Esa reflexión de un personaje cuando se refiere a que las autoridades deciden que pescar desde ese puente es peligroso, no sea que se caiga al agua, una preocupación que no alcanza a cómo evitar que “me muera de hambre”. Aclaración: No es una declaración de intenciones… o vaya usted a saber.

La corrupción en el balompié. Las miserias de unos aficionados que no permiten que nadie se salga del plato. Una fotografía fuera de contexto que revienta la existencia. Envididas profesionales, falsas apariencias; gente más tiesa que el palo de una fregona subsistiendo a duras penas. El acoso escolar, el acoso en tiempos adultos; miserables que buscan desahucios metiendo el miedo en el cuerpo de ancianos. Todo lo dicho y más en Bajo la piel del alacrán (Cazador de ratas, 2019) del autor gaditano Paco de Paula.

Ambientada en la ciudad de Cádiz, la obra del escritor isleño resulta un elegante trabajo de género negro, y aunque soy consciente de que se abusa mucho con la etiqueta, en este caso –como en otros-, sé a qué me refiero cuando mojo la estilográfica con esta rotundidad. Bajo la piel… es novela negra y no gris marengo o un texto poseído por determinado claroscuro, porque las páginas son el fiel reflejo de cómo hablar de asuntos importantes –la balanza es suya-, de cómo fabricar una argamasa que más que pegar, une las diversas piezas de la trama, ofreciendo como resultado una historia tan pegada al asfalto como lo están Quino, Junior Laura.Y sobre todo Martín, el inspector de la Policía Nacional. Y no vea usted lo complicado que resulta usar a un madero como protagonista en la literatura negrocriminal española sin que el asunto se vaya de las manos caminito de ¿Jerez?. No, diría que de Nueva York, sin frenos y con un final que, en el mejor de los casos, no es otra cosa que una parodia. Pero las historias que cuentan las páginas que han ocupado este espacio transitan por repúblicas de “calles estrechas y sillas al fresco” y algún que otro rostro con “media lágrima llamando a la puerta”.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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