Hijos de la tierra

M. Á. Contreras Betancor|

 

No puedo perdonar sin saber.

Los episodios violentos marcan la existencia de cualquier ser humano –aseguran los expertos–, pero si son niños quienes padecen esas situaciones, las muescas que dejan en sus almas pueden arruinar la existencia, no sólo de la criatura, sino también del futuro adulto. Y no existe mayor tragedia que ser testigo de la muerte de los padres, del asesinato. Ese peso dobla cualquier espalda, envejece prematuramente, por mucho que don Antonio recordara, mirando a unos ojos de seis años, que “un día todos tendremos que morir”.

Con La tumba de las ballenas (Ediciones Rubeo, 2019 [ganadora del Certamen Internacional de Novela Negra Blue Bayou 2018]Elena Puchalt Ruiz se estrena como novelista ambientando su obra en los albores de la Guerra Civil. Es Paca Almenar el centro de la trama, el pivote sobre el que se mueve la historia que arranca en 1936 en un pequeño pueblo de la provincia de Valencia, un enclave inexistente –Pontroig–, no así el paisaje y el paisanaje que intervienen a lo largo de la narración, y aunque el argumento es pura ficción, se alimenta de la cruda realidad que sacudió vidas, que destrozó existencias; que cambió el hábitat sentimental de unos y de otros.

En esta primera novela, la escritora valenciana hace un ejercicio de narración en el que muestra al lector el día a día de aquellos que se dedican a trabajar la tierra, de cómo entienden las relaciones, de esos seres que jamás pierden una oportunidad de joder la existencia ajena, todo ello en el contexto de la posguerra. Posteriormente, y con la necesidad de obtener la respuesta a una pregunta crucial, Paca decide cruzar el charco aprovechando la campaña de captación de mano de obra –buscaban agricultores hábiles en las técnicas de cultivo del arroz–, puesta en marcha por el gobierno del sátrapa Rafael Trujillo, dictador de la República Dominicana –fiesta del chivo mediante– si bien el objetivo real no fue otro que el patético intento de blanquear algunas zonas de aquella nación hispanoamericana adonde llegaban haitianos huyendo de la miseria. Las vicisitudes que atraviesan los expatriados, el amor que surge cuando la búsqueda va por otros derroteros, la vuelta a casa; esas ganas de la protagonista de continuar siendo una persona que toma sus propias decisiones, conforman el fresco de La tumba… Paca se ha dejado jirones de su vida en ambas orillas, pero también se ha convertido en esa mujer que decide enterrar a las ballenas que acompañaron su existencia.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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