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M. Á. Contreras Betancor|

 

El bosque se llenó de aullidos que rasgaban la noche.

Somos capaces de soñar la barbarie porque somos seres racionales. Nos ha sido dado el libre albedrío para comportarnos como individuos inhumanos porque los humanos son los únicos que pueden hacer uso de esa cara B… o A, dependiendo de a quién nos estemos refiriendo. ¿Es posible que sueñe el horror quien jamás ha hecho el mal? ¿Que vea antes que nadie –pero no antes que la propia bestia– la depravación?

El bosque de los inocentes (Grijalbo, 2016) escrito por Graziella Moreno.

Una visita a los recuerdos de la infancia para escapar, tanto del presente profesional en la gran urbe como del pasado sentimental. Los sueños que atormentan y que precisan una explicación –y la respuesta a una pregunta– “¿De qué tienes miedo?”, que se responde con un silencio que de momento tiene atrapada a Iris hasta el punto de que detecta ciertas similitudes entre ella y una imagen atrapada en un lienzo centenario.

La investigación en la que se ve inmersa y que muestra ese lado aberrante de unos tipos que persiguen, secuestran, abusan y acaban con la existencia de los niños. Un submundo, –una tupida red–, desde el que cada vez que emerge una víctima, nos horrorizamos e inmediatamente varias preguntas se agolpan –entre sollozos y espantos– reclamando respuestas. Pero no existe mayor terror que…


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ