Nucas al aire

M. Á. Contreras Betancor|

 

La felicidad está en querer lo que se tiene y no en tener lo que se quiere.

Son redes binarias hijas del avance tecnológico. Es posible que hayan servido para acercar formas de vivir, pensar; puede que su intención primigenia fuera tan pura como pura es o fue el agua de una conocida fuente agria, pero tras varios años a pleno rendimiento surge una pregunta: ¿¡Qué coño tienen de sociales!? No, no reniego de ellas como tampoco del GPS, tecnología en la que deposité tal confianza, que hace unos tuve que recurrir a una patrulla de la Guardia Civil para que me ayudara a salir de una maldita circunvalación. Anécdota al margen, resulta que el detective Ricardo Blanco descubre ese hábitat en su versión más antipática, cruel y desquiciada.

Con Las dos Amelias (Alba Editorial, 2020) el escritor José Luis Correa se adentra en los rincones más lamentables de la existencia humana. Recorre los pasillos de un hotel en busca de respuestas y tras cada puerta encuentra preguntas. Detecta poses y se dejan ver esos tresillos, que entre sus mullidos cojines, acogen ciertas dosis de la mísera condición humana en estos tiempos que se parecen a otros pero que simulan ser nuevos. Y no será porque los vendedores no se esfuerzan por aparentar que su producto es único y verdadero, tanto, que hasta han creado sacerdotisas –‘influencer’ les llaman– cuya luz proyectada desde su terminal móvil arrastra a miles de fieles. Ella se apellida Hermoso, de nombre, Amelia, la invitada de postín en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria. También hay otra Amelia, ésta poco conocida, pero no así menos perjudicada por esas bromas que se emboscan tras la puerta de una habitación. Paseará Blanco por las calles de su urbe palmense mientras observa esas nucas al aire con unas cabezas que no cuentan las baldosas que pisan porque lo único que preocupa al dueño de la testa es el número de seguidores, el retuit de su ídolo o el insulto del colega. Irá desenmarañando la trama mientras desde el fondo de la copa “un cadáver” lo mira cada vez que bebe. Algunos mienten, se esconden, aparentan que olvidan…

Es probable que las redes sociales sean un marasmo de la nada, un abismo deshabitado. Mas lo que sí están presentes en las páginas de Las dos… son las reflexiones marca de la casa que reconfortan –pero no adormecen– al lector, o esas otras descripciones de un momento preciso, y aquí me refiero a la que retrata a Nicanor“Se fabricó un cigarrillo con mansedumbre, como un filósofo estoico”.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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