Muy a su pesar

M. Á. Contreras Betancor|

Cuestiona mi respiración, el movimiento rítmico de mis extremidades…

Sé que usted lo sabe, no me cabe la menor duda de que sus experiencias vitales hacen las veces de alarma cuando un peligro se aproxima, tampoco dudo si afirmo que todos –o casi– en ocasiones no vemos llegar el golpe que deja fuera de juego al mejor de los boxeadores y al peor de los tahúres, aunque el orden de los factores…

He conocido a Eva gracias al trabajo creativo de Manuel Barea que En la casa vacía (Alrevés, 2020) presenta la existencia de alguien que es capaz de definirse como “Esa bolsa de supermercado que guardan en casa llena de tornillos…”, y eso duele, como también supone un esfuerzo –si algo quieres, algo te cuesta– adentrarse en la vida (dos vocales y otras tantas consonantes dan para mucho) de una mujer que reparte el ir y venir entre un cúmulo de dolencias físicas y otro de achaques del alma.

La atmósfera que inunda la historia resulta como esos ojos que, amenazantes, esperan agazapados el momento preciso, imitando la estrategia de un depredador que se puede mimetizar con la imagen candorosa de la señora Villegas, cuya “boca enana con apariencia de anacardo” no conserva ni un ápice de la bondad de antaño. Y Eva está ahí, presente, perenne en su lucha y sus derrotas, mientras sobrevive sellando una ranura, aguantando las miradas de quienes perdonan, recordando el ayer que de pronto se hace hoy. Un braco que se encariña, un padre que estuvo y una madre que, cosas de la mísera vida, fue devorada por los cotilleos del pueblo, de aquel pueblo.

Una noche frente a una comisaría, un vehículo sobre alguien, sudor, sangre y los malditos recuerdos.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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