Mares de mentiras

M. Á. Contreras Betancor|

 

Yo no soy lo que pudiera decirse susceptible.

Lo llamaban idealismo hasta que se dieron de narices con la realidad o con multitud de cuerpos desmenbrados, transcurridos diez minutos descubrieron el sufrimiento y los horrores. Desde la tranquilidad que otorga la adolescencia recién abandonada le dieron un uniforme, se colgaron el mosquetón para salvar… al mundo de la opresión mientras subidos al tren, los nombres de las estaciones “evocaban antiguas guerras y las extensiones de amapolas escarlatas parecían la sangre de los combatientes muertos.”

La iniciación de un hombre: 1917 (1920) es la novela con la que John Dos Passos (1896-1970) nos cuenta las vivencias de Martin Howe –su alter ego– en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Entre los horrores de la contienda, el lector conoce los pensamientos más profundos de unos jóvenes estadounidenses con unos marcados sentimientos ideológicos resueltamente socialistas, si bien, pasados los años el personaje-escritor se apartará de los mismos por conocimiento de causa.

Hay poesía en las descripciones que Dos Passos planta a lo largo del texto, son momentos gratos que aíslan a Howe del espanto que circunda sus meses en el frente adscrito a un destacamento de ambulancias que va recogiendo a heridos que aún no saben que están muertos por culpa de un cañonazo o de ese enemigo silencioso que gasea las existencias “Y en torno a los quiméricos árboles, negros y deshojados, verdosas espirales de gas venenoso.” Es el mismo personaje que deja transcurrir su tiempo en una abadía mientras observa los restos de algunos libros “manuscritos de la Edad Media. Pensamientos bruñidos por años de serena meditación.”

Es un autor al que habrá que esperar unos años para disfrutar de, por ejemplo, Manhattan Transfer.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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