Al otro lado

Pedro de Paz|

Cuando tu ayer y tu mañana
se diluyen en el mismo caldo espeso.

Cuando el dolor que más daña
es justo el que ya no duele.

Cuando ciertos lugares dejan de ser cálidos o inhóspitos
para volver a ser tan sólo lugares.

Cuando conjugar un pretérito que fue perfecto
ya no rompe tu voz ni agarrota tu garganta.

Justo en ese momento
en ese preciso momento
comprendes
que a pesar
de las cicatrices
de la hiel
del temblor que te sigue produciendo
esa canción
que jamás compartirás con nadie
de ese recuerdo atrapado en la rejilla
que se resiste al sumidero
ya no queda un lugar para
el devorador de calabazas
que celebra
que la fiesta acaba de comenzar
ni para el alquimista loco
que busca incesante
la fórmula para transmutar
la materia que supuran las costuras del alma
ni para el estoico guardián
que combate a lo largo de la atalaya
contra los merodeadores de sueños.

Tan sólo queda lugar
para ese viejo diablo trasnochado
sombrío, descreído y taciturno
que salda sus deudas y prepara su partida
cansado de deambular por una tierra hostil
a orillas del bien y el mal
en pos de un latido que se extingue.


©Texto: Pedro de Paz

©Revista CONTRALUZ