Ventaneo endiablado

M. Á. Contreras Betancor|

 

El sonido de una vértebra sonó como una arañazo en el ambiente.

La historia contada por una niña. La historia narrada en primera persona por una joven quinceañera. Es la historia que tiene como protagonista indiscutible a una joven que está con los ojos bien abiertos; una mujer que desgranará sus vivencias desde los más profundo de su alma. Que irá, también, desmenuzando las peripecias de su país en unos tiempos, que en algún momento dio un “corcoveo, como si alguien hubiera apagado lo que quedaba de luz”.

Resulta que Malasangre (Anagrama, 2020) de Michelle Roche Rodríguez, es una novela que transita por la historia de Diana que dicho así no aporta nada. Me explico. La obra de la escritora venezolana nos retrata la existencia, la intensa vida, de una joven que al inicio de la misma –de la historia– tiene catorce años. Pero como indicaba al comienzo, este trabajo de Roche da un repaso a los vaivenes de la Revolución Liberal Restauradora, allá por 1899, que de tanto restaurar terminó creando una serie de monstruos que hicieron de la nación americana –Venezuela–, una finca de uso limitado. Mas no es únicamente eso, sino la propia vida de Diana, de las mujeres de su época –y a veces parece que alguien se resiste–, que vivían atrapadas entre las normas inflexibles de cuyos custodios, entre otros,  cabe destacar el papel los progenitores, que sólo les permitían respirar, alimentarse… a mayor gloria de su futuro como damas de recio porte y amantes esposas. Uno de esos pasos de obligado cumplimiento estaba relacionado con cierta ventana endiablada a modo de escaparate.

El repaso de la historia venezolana de las primeras décadas del siglo XX, con el petróleo de por medio, con algunas fortunas que se hicieron vendiendo a empresas extranjeras los derechos de explotación sin que ello, ¡oh, sorpresa!, salpicase al resto de la población, extremo éste que pocos cambios ha sufrido. También hay un momento, año 1921, que me ha hecho recordar, no sé por qué, a la Venezuela actual. Se trata de la recepción a un Borbón que tiene lugar en una de las casas donde habita lo más granado de Caracas: “Resultaba increíble aquel ambiente de abundancia en una sociedad tiranizada, empobrecida y enferma como era la nuestra”.

Pero si hay algo que destaca sobremanera en la novela es la reivindicación del personaje como individuo que no se resiste a ser un simple objeto decorativo, y ahí la también autora de Gente decente, hila fino en el diseño de Diana, sin exagerar, sin llevarla a ningún tipo de paroxismo, debilidades de las que siendo un lector humilde, huyo como de una recalificación urbanística mientras arden bosques responsablemente sostenibles.

Hay algo más en la historia que me guardo y que es –casi–, la clave de bóveda de la joven, pero siendo fiel a mi estilo y a cierta promesa hecha a Coromoto, le corresponderá a usted descubrirla.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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