Alguien que mira

M. Á. Contreras Betancor|

 

Mañana va a temblar, coños de su madre.

Treinta y siete. Ése es el número de pinceladas que conforman el lienzo puesto a disposición del lector. Es el espacio donde se van desarrollando igual número de historias que tienen a Venezuela como epicentro, el núcleo desde el que observar el devenir de una nación; de sus gentes, de todas las penas y quebrantos, sonrisas y llantos. Es un brillante ejemplo literario de alguien que mira, que recuerda, que observó y plasmó en una tela muy particular, en un espacio lleno de vocales y consonantes que lleva por título Un café con el dictador y otros relatos sin ficción (Kalathos ediciones, 2019) firmado por la escritora y periodista Milagros Socorro.

Desde una actriz de telenovelas caída en desgracia sentimental a quien la pena termina por darle la oportunidad de descubrir, para su bochorno, que una certeza: ¡“Usted usa gomina”!, se había transformado en algo semejante a la calumnia, pasando por el coronel que cometió un error o un periodista que confundió un trueno con algo peor, estamos, como indicaba al principio, ante un excelente ejercicio de narración en la distancia corta.

En este viaje por la treintena larga de relatos, la también autora de Actos de salvajismo, recuerda el caso de uno de los tipos más atractivos del país, afirma la escritora, que desde la tierna infancia quedó atrapado por la fragancia de un perfume, tanto es así, que cada vez que su nariz detectaba la esencia, allá que se lanzaba el joven en su busca y captura. En esas estaba, cuando un día su madre descubrió el asunto y …

Habrá momentos para la hilaridad, por ejemplo, cuando conozca al tío Menotti, un relato deudor del realismo mágico hispanoamericano. De las andanzas de dos periodistas –y la administración del dinero para gastos– o de aquellos turistas venezolanos, el romanticismo parisino y ciertos vecinos de mesa en el restaurante. Podría hablar de unos gallegos y la mudanza en una casa de alcurnia sevillana, podría, pero contrariamente al poeta, no lanzaré ese sobre por ventana alguna.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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