Delante de un espejo

M. Á. Contreras Betancor|

 

No soy un artista que… acepte de buen la grado la sumisión.

La imagen que nos devuelve ese espejo por el que tanto cariño sienten determinados seres, no siempre coincide con la idea que de uno mismo tienen los demás, ¿el motivo? Es posible que el espejo no sea de buena calidad, que los conocidos tengan mala baba o que simplemente el mundo sea cruel con aquellos a quienes la diosa Fortuna ha cubierto con el manto de la sabiduría, saber estar y el arte, mucho arte. Y no olvido otra variable, la maldita envidia.

En una nueva incursión en el género negrocriminal, la filóloga y dramaturga Ángela Martín del Burgo ha elaborado una historia que bajo el sugerente título de El recitador de poemas (M.A.R. Editor, 2020) narra el devenir de una investigación policial a consecuencia de varios asesinatos… unas muertes que estarán aderezadas con las vivencias de Marcelo, un ser humano, –el narrador–, que ha colgado los bártulos de la enseñanza para sustituirlos por el equipaje del noble oficio de escritor de novela negra. Pero el asunto no es tan sencillo. Y a lo largo de la trama, la autora de Dónde la muerte en Ámsterdam, dejará entrever las miserias que atrapan a esas almas que entre verso y verso parecen poseídas por una bondad sin límites, pero que tras apagarse las luces, surgen los matices, aparecen las envidias y recelos entre esos seres de luz… que están encantados de recitarse a sí mismos.

Pero como no todo es verso y prosa, –siendo lo uno y la otra, la espina dorsal–, el lector será conducido hacia esas esquinas donde algunos observan, parapetados tras las sombras, el ir y venir del ser amado; así mismo, surge la pregunta de si es posible que “cuando la mujer enamorada reconoce los defectos del varón” ¿continúa prendada de semejante sujeto? Incluso, hasta la naturaleza muerta lo es más por culpa de “La ausencia de mano humana que imprime ruina en las cosas; ruina que no es sino un lamento y nostalgia de la presencia”. Brillante.

Que la autora es una apasionada de la poesía resulta una evidencia a lo largo del texto, Baudelaire mediante; de la música, con los lieder de Robert Schumann y claro, de la literatura, con unas referencias a Camus y Henry James.

Se encontrará usted con unos momentos brillantes, envolventes que –y no exagero– lo mantendrán pegado a las páginas, hasta el punto de que es posible que a su memoria acudan estos versos del poeta antes mencionado:

Ángel lleno de gozo, ¿sabes lo que es la angustia?

Ángel de bondad lleno, ¿sabes lo que es el odio?


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ