La resurrección y el canotier

M. Á. Contreras Betancor|

 

Creía que aquel relato sobre el arrepentimiento sería un mensaje en una botella…

Es un tipo entrañable aunque se asemeje a un pardillo; resulta un persona que va por la vida sin hacer ruido, ligeramente pasmado, con problemas cardiacos, aficionado a la tortilla a las finas hierbas, la limonada a reventar de azúcar y atado a los recuerdos de su difunta esposa… y un enamorado de la literatura. Y la Portugal de 1938, la de Salazar, y de fondo, la España de la Guerra civil. Me refiero, claro está, a Sostiene Pereira (1995) del puño y letra de Antonio Tabucchi (1943-2012), un homenaje del autor italiano al periodista lusitano que no se llamaba Pereira, pero que resulta con tal apellido de árbol frutal.

En el ir y estar del personaje nos encontramos con una persona que, afirma Tabucchi, más que vivir sobrevive, llevando “una ficción de vida”, que se mueve por Lisboa entre tranvías, puestas de sol en el tórrido verano capitalino y patrullas militares que velan por la salvaguarda de los valores patrios del sátrapa de turno. Peca, tal vez, la obra del italiano de un cierto romanticismo cuando habla de la solidaridad internacional con respecto a la República española o pone en boca de un incondicional del régimen salazarista su verdad en torno a las gestas históricas portuguesas con, ‘olvida’, marchamo español. Otro ejemplo de acomodar la historia a los propios cuentos chinos.

Por otro lado, hay una reflexión sobre el periodismo: “Los periódicos escriben cosas que corresponden con la verdad o que se asemejan a la verdad”, que leídas ahora tienen una extraordinaria frescura en tiempos de falsedades documentales tan aplaudidas por muchos. Así mismo, y en torno a la filosofía, conviene recordar la opinión del narrador, a quien “parece [la filosofía] ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías”, mientras, prosigue, “la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad”.

Tal vez sea el momento de acabar, no sin antes apuntar la evolución que sufre Pereira a lo largo del relato, de ese pasmo inicial al que me refiero, el hombre que únicamente creía en la Literatura, se va transformando en el ser humano que elige vivir y respirar sin ayuda y con una dignidad fuera de todo exhibicionismo.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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