La indiferencia inglesa

|M. Á. Contreras Betancor|

 

Yo trabajo (…) para ganar ese pan sentimental (…) del que hablan tanto las oraciones cristianas.

No albergo la menor duda cuando afirmo que sobre los ingleses (más como ingleses que en su papel de británicos) se ha escrito mucho, tanto, que es una de las causas por la que los españoles dominamos la lengua de Shakespeare mientras atormentamos los verbos cervantinos. Pero bueno, de ahí nuestra idiosincracia. Y como sea que admiramos el estilo de aquella isla, nada mejor que traer hasta este espacio el retrato, que con pincel fino, –pura ironía– plasmó Alonso Quesada (seudónimo de Rafael Romero Quesada, Las Palmas de Gran Canaria, 1886-1925en una serie de veinte relatos que se agruparon bajo el nombre de Smoking-Room.

En esa pieza literaria, el también poeta, diseccionó el alma de los ingleses que llegaban, habitaban y en muchos casos, se morían en Gran Canaria; de esos hijos de una isla lejana, que como en el caso del señor Talbot, tenían el cuajo de cubrir con una sábana a su esposa recién muerta y largarse hasta la oficina para cumplir con sus obligaciones laborales. Y qué decir de esa forma tan suya –inglesa ella– de censurar el concurso de los otros cuando de actos festivos se trata: “No me gustan estos invitados. No son ingleses solos. (…) se invitan a los cónsules y hay una excesiva mezcla europea”.

Pero si cree que tras leer Smoking-Room se ha quedado a medias, Alonso Quesada dio otra vuelta de tuerca con una novela corta que tituló Las inquietudes del Hallpor si hubiera alguna duda, aquí dejo esta perla: “El alma del inglés colonial es un pequeño hall. Toda la cosa espiritual de su vida se concentra en el hall”.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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