Enroque de silencios

|M. Á. Contreras Betancor|

 

Para un ciego de fe, un rosario solo es braille

Hay que mantener la esperanza, pero no como el acto de fe de un naúfrago agnóstico a quien la vida sólo le ha dado parabienes, y que inmerso en una catástrofe, acude a las deidades para reclamar su parte alícuota de esa fe que le correspondía por nacimiento y que una adolescencia llena de espejismos lo convirtió en un adulto idiota. Insisto en la esperanza, cuando digo que el lector de novela negra no puede caer en el desaliento cada vez que le dan un sopapo de doscientas o quinientas páginas de un texto –que afirmaban los tahures publicitarios–, cambiaría su percepción de lo que es un novelón que se descubrió una pobre hoja parroquial de una campiña, otrora verde y hoy convertida en un secarral.

En Cruz (Delito, 2019) de Nicolás Ferraro, se cuenta una historia que resultan unas historias ambientadas en Argentina; se narran unas vidas que resultan varios universos en cuyo interior –del universo que resultan más–, los actores miran a los ojos y a lo peor, sin maldad, tiran por la calle de en medio ylas promesas más difíciles de cumplir (…) se les hacen a los desesperados.» Y está Tomás Cruz, un tipo a quien le cuesta hablar porque teme; se atraganta con las palabras que no dice y descubre que sus padres no eran lo que siempre creyó que fueron. Hay personajes que tienen cicatrices “como si se hubieran maquillado con un cuchillo.» Habrá otros descubrimientos pero esa tarea se la dejo a usted. No obstante, esto no se acaba.

La obra, finalista del Premio Dashiell Hammett 2018 que otorga la Semana Negra de Gijón, cuenta cómo se las gasta el narcotráfico en ambas orillas del río Paraná, describe el infierno de la prostitución y la trata de blancas, aunque no hay estómago que pueda, siquiera, con los apuntes de Ferraro, y no por él, claro, sino porque sabemos que la realidad sobrepasa cualquier aproximación que pueda hacer la ficción que se pega a la vida… el lector sabe que no ha errado en su elección. Sé, o eso creo, que los gustos son infinitos y que las opiniones superan al polvo de estrellas; incluso coincido con Samuel Cruz cuando afirma que “los amigos no necesitan salvarte de la vida; hacen que la vida valga la pena.” De la familia, hablamos otro día.

En el caso que ocupan estas líneas, puedo afirmar, sin poner en peligro vida y hacienda propia, que Cruz es un texto que ennegrece el alma y enriquece el género.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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