El perfil de las distancias

|M. Á. Contreras Betancor|

 

Y ella lloró, quizá por primera vez […]

Tenía veintitrés años y desde lo más adentro escribió Las afueras (1958), novela con la que ganó la primera edición del premio Biblioteca Breve, un texto que aunque pudiera dar la sensación que está formado por siete historias fuera de contexto la una con la siguiente y la anterior, resulta que Luis Goytisolo, hiló con el pulso firme para ofrecer una obra literaria que me encogió el alma, a mí, que soy muy poco dado a padecer tales estremecimientos; que empujó hacia todos lados sin necesidad de zarandear y que me mostró un ejemplo de cómo narrar una historia que parecen siete. Pero hay más, tanto como las vidas de Ciriaco, el tipo que estuvo en “Leningrado y en todas partes”, de Víctor, que pasaba horas sentados en la torre o a pie de campo observando a la oropéndola –joder–. También me enseño el Goytisolo de Antogonía, esa Barcelona dieciocho años después de la Guerra Civl, esa urbe aún pegada al espacio rural del que se va desprendiendo, supongo (ironía), que por aquello de los avances, del crecimiento, de la llegada de gente, de mucha gente, esa misma que los domingos se informaba sobre lo que había pasado en los campos de fútbol leyendo los resultados que se escribían en los cristales de los bares. Esos domingos por la tarde, con la Rambla llena de gente, los cines con su ir y venir de espectadores que se llevaban a casa algo de las ilusiones que habían comprado con su entrada.

Por ahí está Mingo Cabot, que parece que llevara toda la vida caminando solo a pesar de la compañía; y los que tenían donde caerse muertos sin romperse un hueso, suerte que habrían querido para sí muchos miles que acabaron rasgando las cuerdas de una guitarra que no emitía más sonido que el silencio espeso de no estar. Y por esa urbe, las casas de sucedían confundidas en una sola pared oscura entre medianeras que poco hacían para amortiguar el llanto, “quizá por primera vez –¡ay, no, señor!–, quizá por segunda vez”, de una mujer, de un hombre: de muchos.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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