Como si fuera un enigma

|M. Á. Contreras Betancor|

 

El orden es el placer de la razón pero el desorden es la delicia de la imaginación

África, ése continente. África, ése lugar en el imaginario de algunos y en la memoria de otros, a rebosar de tópicos. África… y Tal vez Dakar (MAR Editor, 2016) de Pablo Martín Carbajal, que camina a través de las entretelas de una realidad humana y geográfica de la que conocemos poco, mal y tarde. Pero ahí está Álvaro Camino, el personaje a través del cual podemos ir desbrozando lo que podría asemejarse a código indescifrable; digamos que el protagonista hace las veces de una máquina Enigma con todas las dificultades que conlleva el trabajo, sobre todo cuando él mismo no termina de ver muy clara su propia vida.

Quien se adentre en la lectura de esta novela, el cuarto trabajo del escritor canario, podría llevarse la sorpresa al descubrir el peso que supuso el arte africano en las vanguardias artísticas europeas, allá por la primera mitad del siglo XX; podría, incluso, quedar boquiabierto al saber que ‘Las señoritas de Aviñón’ (Pablo Picasso, 1907), es el cuadro que supone la pincelada de salida del movimiento cubista. Y también se enterará que el dadaísmo y el surrealismo quedaron atrapados por las esencias artísticas africanas. Pero hay más.

Ambientada en el año 2012, con la crisis económica arrasando en España todo lo que se ponía por delante (bueno, casi todo), el protagonista que viaja hasta la capital de Senegal en una misión comercial que pretende buscar vías de negocio con las que paliar el erial antes apuntado, se encuentra con un paisaje –Dakar– y un paisanaje, del que no tenía la menor idea y al que va descubriendo gracias a la guía de Musa, un empresario local que le abre las puertas de una realidad que no genera mayor interés entre, paradójicamente, muchos de los que se llenan la boca de grandes lemas. No obstante, ahí están de forma casi perenne las figuras de Léopold Sédar Senghor y Aimé Césaire y su teoría de la Negritud.

Habrá un objeto que jugará un importante papel en la trama, existirán momentos para la reflexión, o posiblemente toda la novela no sea otra cosa que un espacio para ello: “Nunca te has planteado que eres blanco, ¿verdad?”


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ