Una serie de despedidas involuntarias

|M. Á. Contreras Betancor|

 

«¿Por qué no lo puedo matar? Si de todas maneras vamos a morir» (Mary Bell)

La inspectora nunca compraba cupones” o el principio de una antología de relatos negrocriminales que firman trece escritoras y que bajo el título de Ellas también matan (Delito, 2019), nos ofrece otros tantos relatos en torno al asunto de acelerar la marcha al otro ‘barrio’, sea de personas queridas –más bien poco–, de vendedores de ilusiones en papel o de la secretaria de una supuesta embajada de un supuesto Estado: “Coño, Alberto, ¡pero si pareces uno de esos pervertidos que van… enseñando la minga!”, eso sí, con mucho humor. Porque nada impide provocar la risa cuando se habla de asuntos serios en el mundo de la ficción.

En su poco más de doscientas páginas, –simple dato–, el lector tiene de todo, hasta el punto de que, a lo peor, decide que El Bolero de Ravel no encaja en los esquemas de una vida prolongada mientras alguien busca melodías en los registros cardíacos. Habrá quienes contemplen aterrorizados el borde la piscina, otros se encontrarán detrás de una puerta cerrada y las palabras quedarán pegadas en la pared “como un tallarín”. Aquel que lo busque, podrá deleitarse con una clase magistral del curso de escritura creativa que casi nadie impartirá porque escribir es algo más que acumular datos en torno a estéticas, ritmos, personajes secundarios y subtramas… el aventajado alumno quedará frito.

Dice ella que sólo ha “dejado de contar historias tristes”, será porque la sorpresa de la realidad propia casi siempre supera al peor de los dramas ajenos. Y termino.

Como habrá observado, aquí no he hablado de literatura femenina, sólo de escritoras que conocen el oficio, que es de lo que se trata. Que usted lo mate bien.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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