“Los humanos somos una mezcla de contradicciones y un paquete de secretos”

|M. Á. Contreras Betancor|

La literatura es una forma de cristalizar nuestros sueños, nuestras pesadillas, nuestras esperanzas… y nuestros secretos. Es una manera de conversar con otros y con uno mismo en un nivel más profundo, más secreto y más oculto: es una verdadera conversación”, afirma Alonso Cueto (Lima, 1954), que en su definición sobre lo que es la literatura, añade que “La conversación que uno tiene con un libro que te remueva zonas íntimas es una relación de verdad. Si uno es lector puede amar a los autores como si fueran amigos entrañables, porque cuando se lee una novela con la que uno se identifica siente que hay algo escrito y dicho como uno habría querido decirlo”. Y mientras el camarero se aleja de nuestra mesa como el barco que surca aguas tenebrosas y de cuyo regreso es posible que tardemos en tener noticias –y puedo asegura que se tomó su tiempo–, planteo preguntas al también autor de La Perricholi (2019), cuestiones que se irán desgranando a partir de ahora.

Y recurro a Verónica (El susurro de la mujer ballena) que en un momento determinado afirma, “Mi cobardía es un peso que aún siento sobre mis hombros”, una frase que entiendo, certifica la búsqueda de su redención, tanto ante su padre como hacia Rebeca. La redención… ¿para qué sirve la redención?, pregunto: “La vida de todos nosotros está marcada por las relaciones que tenemos con el pasado”, y el pasado no es otra cosa que “un espejo que nos devuelve, muchas veces deformado y exagerado, aquellos actos irredimibles. El pasado es la zona donde ya ocurrieron las cosas y por lo tanto tiene el sello de lo irreparable”, es tal la importancia del tiempo pretérito, que el primer libro de Cueto llevó por título La batalla del pasado (1983), y apunta que este es un asunto que muestra la manera en cómo “veo la vida de las personas, de los personajes y mi propia vida: Una razón marcada por las culpas, reproches y los remordimientos”.Entonces la literatura y la imaginación pueden lograr algún tipo de redención respecto de las faltas del pasado, aspectos estos que persiguen, además de a Verónica, al propio Adrián Ormache (La hora azul [2005]). Ay, la complejidad de los recuerdos y la memoria. En muchas ocasiones los personajes “en mis libros buscan en el pasado alguna fórmula de entendimiento para tener una relación armónica”.

La mujer

En Palabras de otro lado Ganadora del II Premio de Narrativa Juan Goytisolo (2019)–, el jurado destacó que es un texto “donde se mezclan la reflexión y la indagación en los estados de ánimo”, con un tema central que no es otro que la búsqueda de la identidad, en este caso, de Aurora.Y aquí llegamos al papel que desempeñan las mujeres en la obra de Alonso Cueto, que ya se apunta coMariam en La hora azul“Desde El susurro de la mujer ballena adelante fui interesándome más en las protagonistas femeninas”,extremo que puede comprobarse con la reciente publicación de La Perricholi, una novela de corte histórico, como en la obra ganadora que se señala en esta pregunta y cuya trama gira en torno a la búsqueda del padre que hace que Aurora se desplace desde el Perú hasta España, y abunda en el tema: “Siempre me ha llamado la atención la capacidad de relación que tienen las mujeres entre sí y con otros, con una intensidad, profundidad y complejidad mayor que la de los hombres, que somos más encerrados en nosotros mismos”. Pero este análisis no termina aquí, apuntalando la reflexión anterior con varios ejemplos: Por eso es que las mujeres son muy buenas periodistas, maestras y secretarias”, actividad, ésta última en la que apuntó que “ellas son las encargadas en cualquier oficina de la comunicación y las mujeres están hechas para la comunicación porque están hechas para…”y aquí enfatizó,“…la relaciónEn definitiva, según el también profesor de Lengua y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú,“una novela tiene que ver sobre las relaciones entre seres humanos” y no con el individuo aislado, opción literaria sobre la que afirmó no sentir ningún interésAl hilo de la afirmación anterior, creo que viene a cuento recordar el siguiente párrafo del discurso con el que Benito Pérez Galdós ingresó en la Real Academia Española:

Imagen de la vida es la Novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las -viviendas, que son el signo de familia, y la vestidura, que diseña los últimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balan- za entre la exactitud y la belleza de la reproducción”.

No muy lejos de donde estamos charlando se encuentraotros seres, se escuchan otros sonidos como el de la cucharilla tras caer desde ¿setenta centímetros de altura?, o ese otro tras el contacto entre dos tazas. No muy lejos, un curioso de fino oído podría afirmar haber sido testigo de la conclusión de unas miradas:“se acabó”, dijo ella, sin que la otra parte reaccione más allá de mirarse las manos y girar la cabeza sabiéndose un condenado a la soledad… mientras la mañana transcurre sin señales del camarero, sí, de aquél mismo que se alejó de nosotros con una comanda que entre sus fibras atesoraba un mensaje lleno de una futura hidratación. Sé que la evolución humana nos ha hecho confiar en otros –desconocidos en su mayoría–, para la obtención de alimentos; sé que casi siempre el resultado es óptimo, lo tengo claro, pero ¿y si alguna vez se produjese una sublevación y quedásemos desamparados y sin un café que echarnos entre pecho y espalda? Creo que la fe –o en su defecto un clavo ardiente– debe guiar nuestro proceder en la confianza de que el camarero apareceráPero continuemos.

Ideología moral

Usted ha dicho que en la narrativa no hay tipos, ni prototipos, ni estereotipos, sino personas de carne y hueso, ¿qué opinión le merece esta ola de puritanismo que nos quiere hacer descubrir la existencia de la mujer? “Creo mucho en la igualdad, en los derechos de la mujer y creo que ha existido discriminación laboral y existe un machismo extendido que, incluso, se expresa con una violencia horrorosa», no obstante, expresó su parecer en el sentido de que «hemos avanzado algo en la lucha por sus derechos. Sin embargo no estoy de acuerdo con la idea de mezclar cualquier tipo de ideología moral en nuestra percepción del arte” y en este punto, el que también fuera profesor de la Universidad de Texas en Austin, ilustra con un ejemplo de cómo se las gastan los guardianes de las esencias más rancias. El asunto se remonta a cuando vivía en Estados Unidos de Norteamérica y la víctima fue el poema de William Yeats titulado ‘Leda y el Cisne’ (Leda and the Swan), «un poema que recoge el mito según el cual Zeus se convierte en un cisne para violar a Leda, –obviamente la violación es un hecho horroroso–, pero es un maravilloso poema”en esa época, prosigue,“algunos lograron la prohibición de su lectura en los departamentos de Literatura» de los centros universitarios: Eso me parece un abuso”.Y prosigue exponiendo su punto de vista en este asunto: “Tenemos derecho a ver las películas de Woody Allen aunque sea una persona inescrupulosa o a gozar con las novelas de Céline o con la música de Wagner, porque una cosa son sus ideas, que podrán causar rechazo, y otra bien distinta mezclar aspectos éticos y morales. Afirmó Cueto que muchos de los escritores fueron personas horribles, y a modo de ejemplo recordó que Rimbaud tuvo una existencia “terrible, pero fue y seguirá siendo un gran poeta”.

Una declaración de amor

Hay que amar la literatura, hay que amar el arte; hay que amar lo que nos da el arte, lo que hace el arte con nuestras vidas, lo que nos remueve, estremece, motiva y estimula: Lo que nos hace preguntarnos”. Pero, continúa el autor,“Con mucha frecuencia las buenas intenciones y la moral, cualquier tipo de ideología, están reñidas”, con la función de un verdadero artista. Y aunque se haya apuntado más arriba, tal vez sea menester incidir en que no se debe confundir la moral con la ética, –ni en la vida ni en la literatura–, y mucho menos, elevar a los altares los fundamentos particulares y abocar a la hoguera a todo aquel que ose cuestionar al profeta de turno: “Los personajes nunca son correctos, ni simples. No deben serlo, porque los seres humanos no somos simples, somos una mezcla de contradicciones y un paquete de secretos, y todos tenemos, –al menos los personajes que me interesan–, más dudas que afirmaciones. Es la esencia de lo que debe ser una historia interesante, sólo hay que mirar la complejidad de CervantesProust o Joseph Conrad y eso es lo que hay que defender: la ambigüedad, la duda, y por lo tanto las preguntas que nos hace el arte, que no nos da respuestas, ni interpretaciones, ni explicaciones y (mucho) menos, lecciones”.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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