¡Voto a Dios!

|M. Á. Contreras Betancor|

 

¡Preferimos ser turcos antes que papistas!

Transcurre el año 1584 y las tropas españolas bajo el mando de Alejandro de Farnesio se están batiendo el cobre en Flandes intentando que vuelvan al redil del imperio español, entre otras, la ciudad de Amberes. Sé que esta parte de nuestra historia provoca salpullidos entre las almas sensibles, que criadas en torno a la leyenda negra, –rediviva en el siglo XXI– entienden que aquella época debe quedar enterrada en lo más profundo de la memoria; bueno, más que sepultada, entiendo que desearían pasarla a sangre y fuego, basando tal desprecio en una corriente que se extiende cuán mancha de aceite: la ‘erudición’ en la ignorancia. No obstante, como sea que por estos lares no soy de tal opinión, me referiré a Los Tercios no se rinden (ALMUZARA, 2019), una novela histórica que firma el guipuzcoano Juan Pérez-Foncea y que con una prosa ágil y un texto bien documentado, nos ofrece la visión de lo que aconteció, además de en el asedio de la ciudad antes mencionada, aquello otro que ocurrió en la batalla de Empel, a partir de los textos que se conservan fruto del trabajo elaborado por Alonso Vázquez, capitán de las tropas españolas que intervinieron en esa gesta.

Con el nombre de Lorenzo de Medrano, nos encontramos con el narrador que en primera persona va desgranando los hechos más significativos de esta compleja crisis, tanto política como social a la que tuvo que enfrentarse España en aquellas latitudes en el periodo que abarca 1568-1648; con dos visiones antagónicas entre los ciudadanos leales al emperador español y la irrupción del movimiento calvinista que dio soporte ideológico a los Orange-Nassau, quienes aparentemente luchaban por quedar libres del yugo papista, tanto que una de las consignas que se repetían era la que aparece al inicio de este texto, lo cual deja bien a las claras los principios que sostenían esos ‘libertadores’. Es Lorenzo, un hombre nacido en la Rioja Alta, uno de los oficiales que forman parte de los Tercios, ese grupo de soldados de élite que con sus características picas dejaban poco lugar a que el enemigo pudiera tomarse un respiro.

Pérez-Fondea, hace un retrato, tanto del narrador como de varios personajes que juegan un papel fundamental en esta empresa. Así, tenemos al gobernador de Amberes, el taimado Aldegonde, un ser humano a quien las angustias de la población que sufre un asedio del que no se vislumbra el final, –Queremos paz y queremos pan”, gritan cada vez que tienen ocasión– ocupan un lugar insignificante entre sus preocupaciones, que únicamente se limitan a mantenerse en el cargo y a la defensa ¿numantina? del calvinismo para mayor gloria orangista. Por otro lado, aparece un breve apunte del comportamiento del rey francés y su por entonces gran afición a ‘mimar’ la amistad con España siempre que se presentaba la ocasión; así mismo, brilla con luz propia la figura de Alejandro de Farnesio, un capitán general siempre preocupado por las tropas bajo su mando y cuyo principal anhelo es cumplir con la misión de que los territorios que se han levantado contra la Corona retornen al orden, asegurando para ello que no habrá ningún tipo de represalias, tanto económicas, sociales o religiosas.

En cuanto a la narración de varios enfrentamientos que tuvieron lugar, el conocido autor de entre otras novelas históricas, Invencibles y Fuego en el Misisipí, consigue –como suelo decir– sin alardes ni artificios varios, atrapar al lector en las descripciones y sumergirlo en la atmósfera sin que corra peligro la estética ni las neuronas del leedor. Es novela histórica, son hechos históricos de los que casi nadie debería sentirse avergonzado, y en todo caso si tiene algún malestar cuando le mencionan ese época, siempre tiene la posibilidad de leer…y aprender.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ