Las sombras de su recuerdo

|M. Á. Contreras Betancor|

 

Hay penas que no caben en ninguna novela.

Y existen ausencias que llenan el vacío que provocan pero que jamás podrán mitigar los sobresaltos, las lágrimas o esa falta de aire que, pasado un tiempo, ni siquiera somos conscientes de que nos falta porque ya no estamos a pesar de las apariencias.

Cuando hablé con Santiago Gil –hace un mes y medio– sobre El gran amor de Galdós (Ediciones La Palma, 2019) para que me adelantara algo de su nuevo trabajo, recuerdo que la pequeña crónica llevó por título una de las afirmaciones que hizo el escritor nacido en el municipio grancanario de Guía: «Es una historia de amor que había que contar”, para de esta forma (me atrevo a decir) llenar el espacio de ese otro marco que aparece en la portada, un espacio tan vital, que lleva nombre de mujer. De una niña, adolescente y una dama cuyo corazón atrapó al niño, al adolescente y al hombre que la amó a flor de piel y entre los pliegues de su alma; de una mujer que lo amó sin medias tintas, que tiró de ese carro a pesar de las piedras en el camino.

El gran… es un texto inmenso elaborado por un autor que preña cada una de las páginas de excelencia literaria: ¡Exagerado!, se oye gritar desde los mentideros; ¡Gentes de poca fe!, dicen que me oyeron decir mientras apuraba el penúltimo trago. Y no, no exagero a pesar de que me arriesgo a caer bajo el peso de los puritanos y la levedad de quien afirma ser el portavoz de las esencias eclécticas impresas… Mas, qué mejor manera de callar voces que acudir a la fuente como esas que tanto gustaban –calmaban– a Don Benito. Y así, Santiago narra cómo el Galdós chiquillo junto a varios compañeros del colegio correteaban por la urbe palmense, pegados a la costa, en una zona donde existían chamizos que en algunos casos habitaban niños en la más absoluta de las soledades “perdidos en medio de un mundo que no comprendían porque carecían de abecedario y de caricias”

es, sobre toda las cosas, una novela de Galdós y Sisita, de los primos hermanos que se conocen de pequeños, deinmenso amor que van cultivando a pesar de los obstáculos familiareses la novela en la que el también periodista se permite inventar “una gran mentira” con el propósito, añade, de entender al autor de los Episodios Nacionales, un Pérez Galdós “más humano, más joven, más cercano”, y posiblemente algo desconocido, ofreciendo –así de claro– un brillante resultado. Es una novela en la que se reivindica el derecho –sobre todo cuando se viene de perder la gran batalla–, a conservar “paraísos que uno necesita mantener a salvo” pensando en ese momento que reclama cerrar los ojos y descansar. Una novela para conocer al gran Benito Pérez Galdós –el hombre que describió a Benina, que nos atrapó con ese escrutinio hasta el fondo del alma de Marinela– de la mano de la gran prosa de Santiago Gil.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

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