Lívida tarde sin proa

|M.Á. Contreras Betancor|

 

Yo conozco una mano, pero no es esa.

 

Cuando Agustín Espinosa García nace el 23 de marzo de 1897 nadie podía sospechar –como dicen que ocurre en la mayoría de los casos– que había llegado a esta parte de la galaxia un ser humano que descubriría la Literatura y que la Literatura nos regalaría un ser humano, que tras destapar las esencias de tan noble arte, se transformaría en un agricultor de las palabras, en un recolector de unos cultivos que volvería a sembrar entre las almas fértiles más allá de su tiempo… mucho más allá de su muerte. Agustín Espinosa será Catedrático de Literatura española, jefe de Redacción de la revista literaria La rosa de los Vientos, colaborará en la publicación La Gaceta Literaria y formará parte en 1932 de Gaceta de Arte, la revista que servirá de referencia a la vanguardia insular. Pero Agustín Espinosa García también será…

Llega el curso 1928-1929, y transcurre el tiempo como podría haber sido el anterior o le ocurriría al siguiente, y es en Lanzarote, isla a la que es destinado como Comisario Regio del Instituto de Segunda Enseñanza de Arrecife, donde germina la semilla de lo que poco tiempo después se conocerá como Lancelot 28º-7º [Guía integral de una isla atlántica]. Y dice: “Una tierra sin tradición literaria fuerte, sin atmósfera poética, sufre la amenaza de un difumino fatal”. Y continúa el literato, ese mismo a quien los primeros rayos del astro sol iluminaron sus ojos en el Puerto de la Cruz, sigue hablando de aquello que puede ocurrir a una ínsula sin poesía, que… “Es como esas palabras de significación anémica, insustanciales, que llevan en su equipaje pobre –e imperativo– las raíces de su desaparición”.

Lancelot, que casi vaga por los caminos aún no existentes de la tierra de cuyas entrañas mana calor, “dejó ir apagando las Montañas del Fuego” y adelantándose medio siglo o más a las quejas, protestas y disgustos de Manrique, de César Manrique, expresa las suyas cuando afirma que ese lugar “apenas sirve ya para asador paradigmático de los turistas sin aspiraciones”.

Y el camello [¿o dromedario?]

Los elogios se merecen o se regalan, y dependiendo de la opción, quedan en el recuerdo o pierden el fuelle pasado el eco de los aplausos, el ruido de las copas al chocar y el último portazo con el que la oscuridad entiendeconcluidos los fastos. ¿Y el camello?, para él un elogio: “Para ti –camello con arado, de Lanzarote– mi saludo específicamente militar. Para tus andares despaciosos de general retirado”. Andares vistos desde lo alto de una silla sujeta a su gibapara observar el pisar sobre el picón milenario, el ir y venir de Este a Oeste y viceversa. Un camello [un dromedario] que porta ese “gran sable de arador que sabes arrastrar tan garbosamente sobre la tierra plana de Lanzarote como sobre las alfombras de una gran recepción consular”.

Llega el final de este acto con la pena por Lancelot “Cojo ya –y ciego–, ¡qué doloroso su caminar por la noche vasta de sus días! Relleno su pretérito de auroras de lector solitario”.

La víctima

Dicen que cuentan las crónicas que Crimen (1934) escandalizó a quienes llaman sectores o parcelas reaccionarias, que vistos desde el balcón de este siglo XXI, ya no está tan claro que en tal cofradía sólo militen esos cuyas almas temblaban ante los párrafos ‘criminales’. No obstante, la denuncia surte los efectos y en el periodo que va de 1936 a 1938 pierde su Cátedra que finalmente recupera. ¿Pero qué es Crimen que tanto espanta, que sonroja, avergüenza, indigna y lanza a ciertos espíritus contra los precipicios del horror? Comentan que varios ejemplares sufrieron el azote, fueron víctimas del fuego de manera pública, que es la mejor forma de reconocer el nivel de miseria de los incendiarios: ¡Ay, el fuego!, qué poco te quieren aquellos que te usan tan mal. Aquellos que nunca entendieron tu sentido del humor.

Sería por culpa de esto: “Estaba casado con una mujer lo arbitrariamente hermosa para que, a pesar de su juventud insultante, fuera superior a su juventud su hermosura”. Es posible, mas tal vez los extraños recovecos de las almas puras saltaran por los aires al cometer el error de continuar con la lectura de ese texto que no augura nada bueno… ¡Por Dios, no lo haga. Abandone semejante idea! ¿Me está escuchando o me está leyendo? “Ella se masturbaba cotidianamente sobre él, mientras besaba el retrato de un muchacho de suave bigote oscuro”. Estaba avisado.

Es Agustín Espinosa un hombre de su tiempo –porque hay seres que no lo son, que jamás lo fueron–; es el literato canario un creador de sentimientos, de pura vanguardia… del surrealismo que se encarama hasta los hombros para observar el oscuro paisaje que rodea nuestra existencia, y ahí está… Crimen, que transcurre entre estaciones y esos períodos del año tienen nombres, como ‘Ángeles’, porque dice que “En vano intentaba yo llenar mis ojos con todas esas vagas cosas, para ahuyentar (…) el idilio de la muchacha a quien había besado en otro tiempo”…Y qué decir de ‘Hazaña de sombrero’, porque parecía una niña de seis años “cuando tenía ya más de cuarenta”…

Pese otro relato que acontece en otoño y al que llamaremos ‘¡No, no!’ porque así se llama y que tras leerlo me fui veintiocho años hacia el futuro (1962) y allí estaba Propiedades de un sillón (Cortázar) “Cuando la gente se pone vieja, un día la invitan a sentarse en el sillón (…) La persona invitada suspira, mueve un poco las manos como si quisiera alejar la invitación y después va a sentarse en el sillón y se muere”Luego regresé la misma cantidad de años (de salud, muy bien, gracias), y descubriendo que bajo la ventana “un perro huidizo fue muerto por una madrugadora carreta”“un sacerdote se abrió allí las venas”, y claro, pues pasa lo que tiene que ocurrir, que la gente empezó a mirar con superstición hacia la macabra ventana. Y a partir de ese momento, todo aquel que debía fallecer o ser muerto por mano ajena elegía su adiós bajo la ventana. Ni siquiera esa muchacha con el cráneo fracturado pudo sustraerse al encanto de morir bajo una ventana iluminada.

Hay más, existe más Agustín Espinosa García, desde el Diario espectral de un recién casado, la obra teatral La casa de Tócame Roque o Tres visiones de María Ana. Posiblemente sus aportaciones al arte del texto habrían sido más, pero la Parca –como ocurre casi siempre– llegó antes de tiempo, en su caso, el 28 de enero de 1939. Sólo tenía cuarenta y dos años.


AGUSTÍN ESPINOSA visto por:

José Luis Correa/ Creador del detective Ricardo Blanco. El penúltimo trabajo de la saga lleva por título: La noche en que se odiaron dos colores (Alba Editorial, 2019).

Un auténtico rompedor. Una voz libre que nos vendría genial en este tiempo de lo políticamente correcto.”

Javier Hernández Velázquez/ Con su novela Baraka (M.A.R. Editor, 2019) ganó el VI Premio Alexandre Dumas de Novela Histórica.

Es el surrealismo en sus más altas cotas. Su obra Crimen supuso un hito”.

Christian Santana Hernández/ Su último trabajo se titula Pacheco (Mercurio Editorial, 2018)

“Esencial para la vanguardia literaria. Es de esos autores que asombran por su arrojo y la profundidad de su propuesta”.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

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