Realidad sin ficciones

|M.Á. Contreras Betancor|

 

«Habrá un día en el que los historiadores enmudecerán a los propagandistas». La frase que acaba de leer es una de las que se encuentran en la cabecera de esta revista, pero visto cómo se desarrollan los acontecimientos, tengo la sospecha que más que una realidad, se ha convertido en un anhelo, en un imposible. No obstante lo dicho, siempre aparecen ranuras por las que se filtran rayos de esperanza; notarios que dan fe de que aun existe la posibilidad… por remota que parezca, de que lo imposible puede ser hecho trizas por la presión de la razón. Hacen acto de presencia seres humanos que no se rinden a pesar de las dificultades, –a veces haciendo frente a la incomprensión de sus iguales y otras a las propias contradicciones– y que deciden buscar las respuestas para entender en la medida de lo posible, qué decisiones se dejaron de tomar, por qué unos fueron encandilados por las múltiples notas de una misma flauta mientras que otros conciudadanos jamás bajaron los brazos en señal de rendición. Y son en esos procelosos océanos por donde navega la embarcación de ‘Anclados’, una novela que va mucho más allá de la ficción.

 

«No hay ficción más deudora de la cruda realidad que Anclados«

 

Desesperanza, desolación y devastación son las tres palabras que podrían conformar los cimientos sobre los que Inés Muñoz Aguirre ha levantado la torre de vigía desde la que observa el acontecer actual de su país, de Venezuela; y como sea que el periodismo corre por sus venas, ha elaborado uncrónica (una novela) en la que no hay lugar para la asepsia ni para las florituras. En ese espacio que lleva por título Anclados (Kalathos Editorial, 2018), la también escritora y dramaturga caraqueña, nos presenta el estado de ánimo de unos compatriotas que son testigos directos del advenimiento del régimen chavista.

Sin prejuicios

Nos habla de unos venezolanos del clase alta (y aunque alguno pueda sorprenderse, –malditos prejuicios–, que no son personas viles ni poseídas por una maldad fuera de todo límite), que se conocen desde su más tierna infancia, que estudiaron en los mismos colegios y a quienes la vida situará a ambos lados de una senda; unos emprenderán el camino de la gestión empresarial o del periodismo y otros abrazarán el becerro revolucionario, –por convicción y por dinero–, con algún que otro altibajo estético del que saldrán, si cabe, más cerriles. Surca Anclados el proceloso mar del pasado al que acude para contextualizar a ciertos personajes, al propio país y así entender, por qué otros son como son, y claro ahí está Elena eje sobre el que pivota la trama– que como afirma una amiga: se debate entre el pasado y el presente… corre entre la popa y la proa de su barco.

Sé que esta novela ha supuesto para la autora un gran esfuerzo en tiempo y sobre todo en sentimientos, porque sin sangre que corra por las venas es imposible retratar, como aquí ocurre, lo que se vive en Venezuela: situaciones que están más cerca de una experiencia aterradora diaria que de un mal sueño.

Y concluyo recordando una reflexión que hará comprender el inicio de esta líneas: “En este país los hechos se repiten una y otra vez, sólo cambia el nombre de los personajes”.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

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