¿Eres tú?

|M.Á. Contreras Betancor|

 

¡Niña mala! ¡Responde a tu madre!

Cuando el terror está bien vestido provoca miedo, pánico, ganas de pensar… es un terror que se pega a la piel, que no existe sortilegio sobre la faz de la tierra que conceda un instante de calma. Cuando el terror se escribe sin miedo, gritos de histerismo en tiempos de rebajas y huye de descripciones y personajes más propios de un chiste de chiringuito precintado por orden gubernativa, digo que si ninguno de estos extremos emborronan las cuartillas, entonces ha tenido usted la fortuna de disfrutar de una buena novela de terror porque el escritor es competente en el oficio y claro, la historia que cuenta tiene su miga.

El asunto

El libro que ha pasado ante mis retinas responde al nombre de Nunca hables con el diablo (Cazador de Ratas Editorial, 2018) y es fruto de la imaginación de David Periñán Yuste (Cádiz, 1981), un texto que va creando una atmósfera sin estridencias ni ruidos en las estanterías, que describe una soledad, pero no una soledad al uso, y sí una variante –una metamorfosis– que padece quien ha sido desposeído de los sentidos que ofrecen la vista y el oído, así, sin cita ni terapia previa. Y aparece una silla que nunca debió estar allí ¿o sí? y ¡caramba! mis recuerdos cinéfilos se fueron hasta Sola en la oscuridad con Susy Hendrix (personaje interpretado por Audrey Hepburn), aquella mujer ciega en un apartamento que se encuentra al nivel de la acera… y que recibe visitas inesperadas.

Nunca hables… es una novela de terror, una buena novela de terror en la que usted, despojado de cualquier idea previa y hasta de prejuicios –tan malos para la salud–, descubrirá que leer literatura de género es un placer gracias, entre otros momentos –o Ana mediante– a uno en el que ciertos “globos oculares enloquecidos… se clavaron en los míos”. Pero no se confíe, porque el diablo tiene sus cosas, sus momentos… casi diría que peca de cierta afición por las debilidades. ¡Es tan humano!


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

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