Cómo decirlo de otro modo

|M.Á. Contreras Betancor|

 

Podría decir que es uno de mis libros más preciados… cómo decirlo de otro modo.Y está en mi estantería desde hace unos cuarenta años compartiendo espacio con otros ‘colegas’, pero cada uno en su lugar. Las armas secretas los cinco relatos; cinco espacios del universo ‘cortaziano’ rodeados del humo de los Gauloises, de madame Francine y monsieur Bébé en ese hábitat con perros malcriados; o la “inútil máscara de las manos juntas” en Cartas de mamáunas misivas que deberían extraviarse para siempre.

Con Las Babas del diablo, Roberto Michel observa parte de su vida a través del objetivo de una Contax 1.1.2 y de repente, “Uno baja cinco pisos y ya está en el domingo…” y mientras callejea sobre las aceras parisinas, piensa y recuerda, esos ojos descubren una esquina con dos personajes… continúa pensando y concluye, al menos de momento, que “todo mirar resuma falsedad”.

Un saxofón que se pierde –otra vez– y un ‘pájaro’ que se esconde debajo de esa manta atravesada, tanto por su alma como por los aguijonazos de los recuerdos, de cientos de urnas a rebosar de cenizas y sólo una esperando al inquilino. Johnny ha empezado a reírse como hace él,“con una risa más atrás de los dientes y los labios”, se abraza a la nada, pero por ahí anda Bruno, un crítico musical con residencia en “mi mundo puritano” aprecia una irritante solidaridad de unos seres a los que poco importa el futuro de quien se está yendo. Afirma el escribidor de las hazañas jazzísticas –y ahí se quita la careta, se queda en pelotas–, que un crítico es“ese hombre que sólo puede vivir de prestado, de las novedades y decisiones ajenas”. El perseguidor nunca fue el perseguido.

Curioso que la gente crea que tender una cama es exactamente lo mismo que tender una cama»… Cómo decirlo de otro modo.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

©Revista CONTRALUZ