Los niveles del averno

|M.Á. Contreras Betancor|

Pues no le digo que no…

En esta ocasión el viaje literario de El Lector recala en México, pero no en su geografía fronteriza ni en los personajes que la habitan y que tan bien dibujados han quedado en alguna novela de reciente factura. Este espacio de Revista CONTRALUZ acoge entre sus líneas la propuesta de Ángel Vela (Sevilla, 1976) que bajo el título de Donde el perdón no llega (Cazador de Ratas Editorial, 2018) nos presenta a dos personajes que van marcando su particular ruta en un camino, que llegados a un punto de la lectura, convergen en uno, se funden hasta no dejar ni rastro de lo que fueron por separado.

Y no, Donde el perdón… no es una novela sólo para pasar el rato, que también, sobre todo es un retrato intenso, descarnado, de cómo el deseo de venganza –o eso parece– puede consumir nuestro paso por esta mundo; de cómo una vida consagrada al desprecio más absoluto por la existencia del prójimo culmina con el hallazgo de la horma de sus propios ‘zapatos’. Es uno de esos descensos a los infiernos de los que muy pocos tienen la oportunidad de regresar, y aún casi imposible contar la experiencia cuando se alcanza la superficie con apenas dos jirones de ¿vida? de los que recabar información.

Existen en este universo de algo más de trescientas páginas otros personajes, el Tuna mediante, que únicamente comprenden la amistad de una manera muy singular (o como su entendimiento ha decidido) y que no es otra que aquella parcela al borde del abismo alimentada por la ‘solidaridad’ y el miedo que muta en terror. Cohabitan marcando su propio espacio los seres imprescindibles, casi figurantes, con dos o tres frases que siempre enriquecen, que dejan un poso al que se debe prestar atención.

Y esos momentos

El escritor hispalense ha logrado tejer, o si lo prefiere, dibujar, con ese trazo fino que sólo un buen martillazo estilístico puede lograr, unos instantes que entiendo como la quintaesencia de la novela, como si de una implosión se tratara, que despedaza el frágil equilibrio de un Diego Morales, que hasta un buen rato antes, (maldita soberbia) se movía por el mundo sin que existiera alguien más que no fuera él. Pero, ¡oh, sorpresa! a veces no hay alebrije que pueda con todo, por muchos huevos que tenga o crea poseer el portador del mismo… ya se lo dijo alguien: “siempre serás el pinche reflejo de”… Como repito de vez en cuando, este espacio reflexiona sobre un libro, no pretende reventar el argumento y por cierto, esta novela está de enhorabuena porque estrena su segunda edición y la distribución en los Estados Unidos Mexicanos, Argentina, Colombia y los Estados Unidos de Norteamérica.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

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