A pesar de los muertos

|M.Á. Contreras Betancor|

cuando se encuentra a alguien, muere, no se piensa más en él.

Batya Gur, (Israel, 1947-2005) fue profesora de universidad y la escritora que creó a Michael Ohayon, que hace la veces de superintendente de la policía en Jerusalén y que protagonizó las seis novelas de género policial que firmó la que también fuera crítica literaria.

En el caso que me ocupa, me voy a referir a la penúltima entrega: Asesinato en el corazón de Jerusalén en la que Ohayon se enfrenta al asesinato de una joven cuyo cadáver aparece en una vivienda. Una muerte que sirve como hilo conductor a través del cual se irán descubriendo otros ‘muertos’, otros enemigos que contrariamente a lo que se pueda pensar están muy cerca, tanto que apenas pueden verse. Esta novela también descubre un hecho ajeno al conocimiento general pero que ha dejado una herida en la sociedad israelí que no termina de cicatrizar: el robo organizado de bebés en el periodo que va del año 1949 hasta 1954, aproximadamente.

Unos niños, principalmente de origen yemení recién nacidos en los campos por los que pasaron las familias de inmigrantes judíos que se trasladaron al nuevo estado, ese que siempre añoraron; a la tierra prometida. Pero este libro muestra, además, otros miedos que no sólo tienen que ver con los palestinos y el terrorismo de Hamás, unas referencias que aparecen alguna que otra vez a lo largo de la trama; me refiero a los prejuicios que habitan en el seno de la comunidad israelí entre los askenazíes (judíos originarios de la Europa central y oriental) y aquellos otros procedentes de Marruecos, Irán o el mencionado Yemen… “esos negracos primitivos, asiáticos…”, es uno de los comentarios puestos en la boca de cierto personaje de origen polaco que pone sobre el tapete la ausencia de sociedades perfectas, ni siquiera en la única nación democrática de toda la región, lo que viene a confirmar –por si algún ser de luz anda despistado– que la perfección es una quimera.

Hay otros personajes que cumplen con su papel de forma solvente en una novela cuya lectura es aconsejable para entender, con las lógicas limitaciones, qué es Israel y sacudirse algún que otro prejuicio de esos que pueblan los titulares de los informativos. Ni existen los paraísos ni se preocupe en instaurar uno junto al felpudo de su casa; existen historias a cargo de personas y no de guías espirituales.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

©Publicación: Revista CONTRALUZ