Efecto Espejo. Capítulo 9: ELLA

|Inés Muñoz Aguirre|

No sé quien de los dos está mas asustado si él o yo. Nos miramos. El silencio se vuelve pesado. El hombre gira de nuevo la boina en sus manos, da la vuelta, casi en un movimiento imperceptible. Veo su espalda camina en dirección a la puerta de la habitación. Nunca se atrevió a articular palabra. Veo sus dedos sobre el pomo, lo gira con lentitud. Abre la puerta. Escucho la bulla del pasillo.

–Señor…

El hombre voltea con la misma lentitud con que inició su retirada. Me mira.

–Disculpe. Lo que sucede es que estoy muy nerviosa.

–No es para menos.

Su voz es ronca, cálida. Me suena amable.

–Pase por favor. Siéntese allí un rato.

El hombre regresa. Se sienta en la silla que está al lado de la cama. Me muevo incomoda por el dolor.

–¿Qué fue lo que pasó? ¿Es cierto lo de los frenos?

–Si, supongo que sí.

_¿Cómo es eso que supone?

–No lo sé. No soy mecánico

–Ah, claro.

Volvemos a quedar en silencio durante un rato. El mira hacia el piso. Yo miro hacia el techo. Escucho su respiración. Lo vuelvo a mirar y pregunto.

–¿Y usted, no se golpeó? ¡Está bien?

–Si, estoy bien. Me di un golpe en la rodilla, pero no fue nada.

La puerta de la habitación se abre, allí está él, mi marido. Está acompañado del doctor. Me mira y camina hacia mí.

–¿Estás bien?

Me toma las manos y me da un beso en la frente. Ante el gesto cualquiera podría pensar que nos amamos.

Contesto parca. El doctor nos observa.

–Si.

Gerson voltea hacia el hombre sentado cerca de mi cama. Su giro hacia él está cargado de violencia. Lo agarra por la pechera de la camisa y lo levanta de la silla. Lo arrincona contra la pared.

–¿Qué haces aquí con mi mujer?


©Texto: Inés Muñoz Aguirre

©Publicación: Revista CONTRALUZ