Efecto Espejo. Capítulo 8: ÉL

|Inés Muñoz Aguirre|

 

Estamos en la clínica. Me encuentro sólo en una pequeña sala de espera. Por un momento llego a pensar que mi mujer está muerta y que de un momento a otro me llegarán con la noticia. ¿Qué debo hacer? ¿Cómo tengo qué reaccionar? Me hago estas preguntas porque no quiero parecer sospechoso de nada. Quiero actuar como lo haría todo esposo amoroso que lamenta con sinceridad la perdida de su mujer.

Si la policía fue capaz de irme a buscar al bar, ¿por qué no me lo dijo todo de una vez? Pienso que los seres humanos normales, los hijos de vecina, digo yo, somos tratados sin consideración alguna. Vamos, me buscas, me dices, hombre, tu mujer se murió y listo. Se acabó esta historia, pero no, me traen aquí, yo asustado con eso de que cargo encima mi pistola.

Se abre la puerta entra un hombre que por su larga bata blanca hasta la rodilla, deduzco que se trata de un médico.

–¿Es el señor Gerson Ramírez?

–Sí señor, soy yo.

–Discúlpame hombre que te hice esperar, pero es que a mi me salió una emergencia y mi consultorio lo está usando un compañero a quien se le inundó el de él.

¿Inundó?

Sí, no me mires con esa cara de extrañeza. Aquí en los hospitales también pasan esas cosas horribles que pasan en nuestras casa.

Señala una silla

–Y bien, vamos a sentarnos aquí.

Yo lo único que quiero es que hable de una vez y que yo me pueda ir a mi casa.

Continúa.

–Te quiero hacer unas preguntas sobre tú mujer.

–Sí, sí. Dígame.

–¿Ella está bajo tratamiento psiquiátrico?

–¿Está? ¿No sé murió?

–No, no. Ella está bien. ¿No te lo dijo la policía?

Titubeo

–Sí, sí. Creo que sí.

–Yo solamente quería verte antes, porque me extraña mucho que en su carro se consiguió una bolsa cargada de pastillas, la mayoría de ellas muy peligrosas si se toman en exceso, la mayoría pastillas que se usan en tratamientos psiquiátricos.

–No, que yo sepa, no.

El doctor se pone en pie y me da una palmada por el hombro.

–Bueno tranquilo, a lo mejor no son para ella Se rie, a lo mejor te quería envenenar

Suelta una risotada y se va.


©Texto: Inés Muñoz Aguirre

©Publicación: Revista CONTRALUZ