Efecto Espejo. Capítulo 7: ELLA

|Inés Muñoz Aguirre|

 

La enfermera entra justo en el momento en que yo estoy dispuesta a llamar.

––Espero que se sienta mejor.

Se acerca arregla las sabanas de la cama alrededor de mi cuerpo y continua. Le va a doler. Eso es normal. Toda fisura por más pequeña que sea es un calvario, mucho más una fractura.

Me quedo mirando fijamente al hombre que continua parado cerca de la puerta y quien me mira, con unos ojos impasibles, casi grises. Unos ojos que me dan mucho miedo. La enfermera se da cuenta que algo me ocurre, voltea siguiendo la dirección de mi mirada.

––Ah, pero qué pasa, aun no han hablado.

Muevo la cabeza de un lado a otro. Me quejo. Siento un latigazo en el cuello. Escucho la voz del hombre.

––Disculpe. No sabía como.

Por primera vez me doy cuenta que juega con una boina que tiene en sus manos. Me parece tan raro. Una boina a cuadros que no se corresponde con los hombres de esta época. Por un momento me hace recordar a un tío de mi papá, de esos hombres llegados del campo, que escondían su timidez tras su indumentaria.

La enfermera sonríe.

––Hombre, no sabías cómo qué. Esta mujer debe saber quien eres. Si no fuera por ti, quizá no estaría aquí.

Trato de incorporarme sorprendida

––¿Cómo es eso?

––Pues sí –apunta ella– Tal como lo oyes, este hombre te sacó del amasijo de hierro en que quedó convertido tú carro. Pidió ayuda, hizo que todos los demás que cruzaban por la vía en ese momento se detuvieran, pero además de eso, se comunicó con los bomberos y logró que te trajeran hasta acá.

Lo observo de reojo. Sigue sin transmitir ninguna emoción, pero su cara se ha puesto roja.

––¿Todo eso es cierto?

––Así es.

La enfermera sonríe, echa un vistazo a la manguera por donde baja el suero cerciorándose que todo esté en orden, sale de la habitación. El hombre se adelanta en dirección a mi cama. Me sobresalto.

––Quédese allí. No de un solo paso más.


©Texto: Inés Muñoz Aguirre

©Publicación: Revista CONTRALUZ