Efecto Espejo. Capítulo 6: ÉL

|Inés Muñoz Aguirre|

 

Tengo taquicardia cuando salimos a la calle. El hombre que me iba a conseguir las balas desapareció. El policía me pidió que lo acompañara pero caminó delate de mí a toda velocidad. Yo atrás como un cordero rumbo al matadero. Disimulo y toco por encima de mi chaqueta, me quiero cerciorar que la pistola sigue allí. Me estremezco al sentirla. Siento que el policía me mira, llegamos a la calle. En la orilla de la acera, espera una patrulla. Me detengo.

_Disculpe agente, no sé de que se trata esto. No entiendo por qué me va a llevar detenido. No merezco por uno o dos errores que haya cometido en mi vida ser tratado así, sin que se me de ningún tipo de explicación.

El policía abre la puerta trasera.

_ Vamos hombre, suba sin discutir. Es urgente que lo llevemos a la clínica.

Entro, me siento. El policía se sienta en el asiento delantero y enseguida llega el que hace de chofer.

_ ¿Cómo a la clínica? No le entiendo.

_ Su mujer tuvo un accidente. Cuando recobró la conciencia nos dio su dirección. En el momento del choque no encontramos su cartera ni ningún papel que la identificara.

Titubea.

-¿ Y ella cómo está; se va a morir?

–No hombre no, tranquilo, ya está fuera de peligro, pero el doctor le dará más detalles.

Durante un rato quedo en silencio. Escucho la sirena. Pienso en cómo pueden vivir la mitad de sus vidas con ese sonido sobre sus cabezas. Después de todo la situación me produce risa, no me puedo contener. Después de un rato de reírme a carcajadas me doy cuenta que el chofer me observa por el retrovisor y el otro, está volteado hacia mí. Me pongo serio.

-¿Y cómo fue qué me consiguieron?

El hombre replica no sin disimular la curiosidad que se ha apoderado de su mirada.

–Después de tocar el timbre durante un rato, la conserje salió a nuestro encuentro y nos aseguró que lo conseguiríamos en el bar.

–Bien. Estamos llegando, ¿Voy directo a la habitación?

_Pues no, antes nos tendrá que acompañar. Necesitamos hacerle algunas preguntas.


©Texto: Inés Muñoz Aguirre

©Publicación: Revista CONTRALUZ