El color del humo (noventa años de ‘Cosecha roja’)

|M.Á. Contreras Betancor|

 

Y el que pretenda vender ética en Poisonville, verá que se le olvida en el almacén”

El capitalismo y su particular manera de entender la vida ha poblado nuestra existencia –desde tiempos remotos– con sus códigos, alguno de ellos contienen tantos matices que es preferible seguir llamándolos… códigos. Como antagonista de la criatura (que ha ido mutando en monstruo) surgieron una serie de propuestas que llenaron de esperanza los corazones de quienes las idearon y rebosaron de frustración el alma de sus más fervientes militantes. De los primeros se han escrito odas, redactado encendidos discursos y se han erigido monumentos que llegado el caso han terminado criando malvas en algún descampado; en cuanto a los segundos, nos cuenta la historia –la antigua y la más reciente– un sinfín de dramas, varios poemas épicos y alguna que otra desafortunada composición lírica. Con lo que podría llegar a la conclusión, que tanto en un sistema como en su contrario se repiten los perdedores y se intercambian los ganadores como si de una partida de póquer se tratara acompañado por un whisky ‘seco’.

Corría el año 1928 –y fluían en Estados Unidos las bebidas alcohólicas a pesar de la Ley Seca y con mayor caudal que el cauce del Amazonas– cuando un escritor de nombre Samuel Dashiell Hammett (1894-1961) llevaba un rato deleitando a los lectores de la revista Black Mask que había publicado en cuatro entregas Cosecha roja, la novela que funda el género negro y de la que en este 2018 se cumplen sus primeros noventa años de existencia.

Con el agente de la Agencia Continental de Investigación, la Continental, que se traslada hasta la ciudad minera de Personville (Poisonville –ciudad ponzoñosa–) arranca una historia que no voy a desgranar pero a la que Revista CONTRALUZ dedica estas líneas a modo de homenaje que debe empezar, entiendo, con el primer diálogo lleno de ingenio e ironía. Se encuentra el detective haciendo las primeras pesquisas tras el asesinato de Donald Willsson cuando conoce a Bill Quint, un sindicalista con pañuelo rojo al cuello y cierta mala leche social, así que qué mejor forma de romper el hielo que preguntarle si conoce al posible sicario.

¿Quién le ha matado?–pregunté.

El hombre gris se rascó la cabeza y dijo:

Alguien que tenía una pistola.

Como apuntaba al comienzo de esta pieza, transcurría el año 1928 y aún quedaba un rato para que se desatara el pánico el 24 de octubre de 1929 es una de esas crisis a las que el sistema capitalista nos tiene tan bien acostumbrados. Uno de esos momentos que sirven tanto para un roto como para un descosido; esos períodos que se prolongan tanto como haga falta hasta que se termina de pasar el cepillo, la bayeta y resto de productos necesarios para volver a sacar el mayor de los brillos al mobiliario, y entonces, se comprueban los efectos del sopapo económico y social: miles de trabajadores que se quedan al pairo del subsidio –si es que eso fuera posible–, otros tantos pequeños y medianos empresarios que se hunden porque a ellos jamás llega una mísera ayuda para sobrevivir, en tanto que a lo lejos… ¿puede verlo usted?, pues a lo lejos, las grandes corporaciones reafirman su compromiso en pos de una mejora de la vida de sus mastodontes tras limpiar los excedentes. Porque una cosa que se aprende con el tiempo, enseña que o se es parte del cuchillo que corta o por el contrario, alguno de los presentes muta en loncha a la que arrojar entre dos trozos de pan duro.

Pero como he indicado antes y dejando a un lado al todavía lejano batacazo bursátil, no estaría de más recordar qué pasaba en nuestro país –a España me refiero– en ese año. Así, y para abrir boca, el uno de enero del 28, el púgil español Paulino Uzcudun, vencía por nocaut al estadounidense Pat Lester, durante la velada que se celebró en Newark. Y para que no falte de nada, le recuerdo que e14 de febrero en España salen a la luz datos que reflejan que cada español ingiere poco más de 17 kg de carne al año, lo cual implica que sólo la ciudad de Londres consume un 24% más que toda España. En fin… Sirva como curiosidad, que en uno de los apartamentos del edificio que aparece en la siguiente foto, Hammett escribió El halcón maltés.

Entre la fauna humana que puebla Cosecha rojaestá Noonan, el honrado representante de la ley armada, un hombre al que le duele el suicidio de su hermano, que tiene más pinta de homicidio que otra cosa, y que inmerso como está en la investigación por la ‘intoxicación’ de plomo de Donald Willsson, se ve en la obligación de interrogar a la viuda del magnate, hasta el punto de que no duda en afirmar que, “Bueno, lo que hay que hacer, hay que hacerlo” –demoledor–. Cumplir y hacer cumplir la ley es un lema que se debería esculpir en la puerta de entrada de todos los organismos públicos, no tanto por creer que así influirá en la toma de decisiones –ingenuo, sólo lo justo–, sino porque esos eslóganes no son privativos de las marcas de refresco.

¿Qué ocurría por España? El 2 de marzo, el rey Alfonso XIII destituye a Miguel de Unamuno de su cátedra en la Universidad de Salamanca; el 10 de marzo nacíSara Montiel, actriz y cantante, allá por el mes de abril Ramón Pérez de Ayala es elegido académico de la RAE, el buque escuela Juan Sebastián Elcano emprende su primer viaje y se funda el Patronato Nacional de Turismo. Aún faltan cinco meses para que se cumpla el quinto aniversario del golpe de Estado del general Primo de Rivera.

Continúo con los personajes de esa particular cosecha en el que Dinah Brand, –ocupa un lugar de honor en la trama– es una mujer que parece decir la verdad, aunque eso no signifique siempre gran cosa, “cuando se trata de mujeres, sobre todo de mujeres con los ojos azules”, dijo el agente de la Continental mientras daba buena cuenta de un trago de ginebra. Luego apareceMacSwain, un desgraciado o Max el Susurro, Pete el Finlandés… y el patriarca de Poisonville, el viejo Willsson que tiene en nómina a los sufridos cargos públicos que cortan el bacalao, y que nos recuerda que la corrupción es un estado de alma y una alegría para la cuenta corriente hasta que algunos hombres buenos sacan las manos, patas y otras extremidades de la bolsa común… aunque en muchas –en demasiadas– ocasiones no les pase nada. A nosotros, –los paganinis– es otro cantar.

¿Y cómo seguía el mundo?, e18 de julio de 1928 la estadounidense Amelia Earhart se convierte en la primera mujer en sobrevolar el océano Atlántico; y el 12 de octubre en Boston (EE.UU.) se usa por primera vez un respirador artificial… y se cumplen 436 años del descubrimiento de América.

No seguiré por la senda de tocar –o revisitar– a los personajes que pueblan Cosecha roja porque nunca ha sido la idea, simplemente desde Revista CONTRALUZ que cumple noventa días de vida– he querido trazar unos apuntes en torno a la novela aprovechando su noventa cumpleaños, y aunque tal vez no venga a cuento, sirva como colofón esta frase del MacSwain, cuando en un desesperado intento por salvar su inexistente dignidad al recibir una propuesta para convertirse en soplón, le dice al agente de la Continental“De nada sirve elegir siempre la palabra más desagradable para referirse a una cosa”.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

©Publicación: Revista CONTRALUZ