Noventa y nueve pendientes

|M.Á. Contreras Betancor|

 

Respondía por el nombre de Seishi Yokomizo (1902-1981) y según los que saben de esto, está considerado como uno de los máximos referentes de la novela de misterio japonesa. Creador del detective Kosuke Kindaichi, un tipo desgarbado y con un olfato de primera calidad, un investigador que no empuja al resto de personajes, que sabe estar y resolver sus casos, pero cuando no es así, da un paso a un lado y hace las veces de testigo, un aspecto que se agradece en su justa medida.

En Asesinato en el honjin y otros relatos, (Quaterni, 2017 [Traducción de Kazuki Hasegawa]) al lector se le ofrecen tres historias ambientadas en el Japón de la posguerra (II GM) con algún apunte marginal del conflicto bélico, aspectos estos que aparecen de modo recurrente en cada uno de los casos a modo de píldoras. En ese sentido, Yokomizo recuerda que en el asunto de los linajes, del prestigio familiar, la posguerra“propició que la gente (incluso los campesinos) dejara de valorar el estatus, concepto que empezaba a estar obsoleto”.

Adentrarse en esta novela del también autor de La isla de las puertas del infierno, es una experiencia didáctica, pedagógica, si se quiere, porque Yokomizo aprovecha para ilustrar al lector en torno al género: ¿recuerda qué es un misterio de habitación cerrada?, añádase que se convierte en el narrador marcando el tempo y distribuyendo el peso de la trama, sin llegar al agobio por exceso ni a la más cruel de las carencias por amor de un mal entendido ahorro de datos. No es Seishi muy dado a entusiasmarse cuando algún vecino acudía a él para contarle una historia truculenta, y en esta novela no deja pasar la oportunidad de recordar que algunos relatos que “me cuentan nunca son tan interesantes como cree el narrador” y ni por casualidad podrían inspirar una novela. Mensaje para navegantes.

Comentaba al principio algo sobre su personaje, Kosuke Kindaichi, un joven que antes de dedicarse a la investigación, estuvo cursando estudios universitarios en Tokio pero el aburrimiento pudo con él y sin pensarlo demasiado, se marchó con rumbo a Estados Unidos, inmensidad geográfica y humana por la que estuvo dando vueltas sin mucho tino hasta que se enganchó a las drogas. Afortunadamente, de no ser por un incidente, “habría sido un drogadicto más, dando mala imagen del resto de japoneses en el extranjero”, [nótese la preocupación por el qué dirán], pero ocurrió que asesinaron a un compatriota en San Francisco y sus teorías sobre el hecho condujeron a la resolución del caso. Se cubrió de gloria entre la comunidad nipona y regresó a su país. Bueno, del resto mejor se encarga de usted.

Apunté que son tres relatos, señalé que Yokomizo está considerado como la referencia fundamental del género en Japón, –más de seiscientos relatos y novelas publicados– donde cuenta con un importante premio literario que lleva su nombre. Aproveche la oportunidad para ampliar sus experiencias negrocriminales.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

©Publicación: Revista CONTRALUZ