El calibre de la justicia

|M.Á. Contreras Betancor|

 

Imagine que usted, querido escritor, acepta que escribir es sucumbir al sufrimiento cada vez que el cursor golpea la superficie en blanco, que cada párrafo terminado se ha cobrado su deuda secando sus ilusiones hasta el próximo grupo de vocales y consonantes. Considere como una verdad inamovible que el mero ejercicio de casar letras y que las mismas conmuevan al lector es suficiente recompensa. Ahora bien, y al margen de que comulgue con lo dicho, tal vez todo lo escrito hasta ahora no sea más que un capítulo insignificante si de lo que estoy hablando es de la autoedición de una novela, o lo que es igual: atravesar el desierto de las editoriales, ignorar su existencia para alcanzar la cima con la ‘criatura’ entre las manos. Repito, se llama autoedición pero se dice sacrificio por una ilusión, un cariño por la literatura, y si no lo cree lea esto:

Mi amor por la literatura se desarrolló a muy temprana edad, pues, como suele decirse, escribo desde que puedo recordar. Escribía en el colegio, los fines de semana y en vacaciones; escribía a escondidas durante las clases en el instituto (no se lo digáis a nadie) y en cualquier rato libre. Sin embargo, pragmática como soy, jamás creí que se pudiera vivir de algo que para mí era tan básico como comer y dormir, así que a la hora de elegir carrera me orienté hacia la que siempre ha sido mi segunda pasión: la música, y regresé a Madrid para estudiar un graduado técnico en sonido. Allí también continué escribiendo.

Me estoy refiriendo a la escritora Arantxa Rufo, (Madrid, 1979) que reside en Tenerife desde que era un bebé y que forma parte de la nueva generación de escritores canarios de novela negra y policial.

En su primer trabajo, En el punto de mira (2015) me encuentro con una historia que se encuadra dentro del género policíaco, un thriller en el que la protagonista, Kathleen Addams regenta junto a un socio una empresa de seguridad informática que les sirve de perfecta tapadera para llevar a cabo otro tipo de trabajo, uno que tiene que ver con la venganza, ese sentimiento al que casi cualquier hijo de vecino intenta mantener embridado, so pena de saltar por los aires.Y si hasta aquí ella parece no albergar dudas, es cierto que el pastizal que cobra por ejecutar esos encargos no es el motivo principal, ni siquiera se aproxima. Existe otra justificación que apuntala su predisposición a reventar al objetivo de un certero disparo: su particular sentido de la justicia con un buen calibre de por medio.

Addams, una pelirroja quecomo dice pícaramente otro de los personajes centrales “sois unas brujas adoradoras del diablo”, lleva unos cuantos años poniendo a buen recaudo –en el cementerio– a una serie de tipos cuya muerte prematura desvela un pasado lleno de horrores.

Como novela de suspense, En el punto de mira alcanza momentos de gran intensidad, casi frenéticos, en el que el trío que lo protagoniza interpreta su papel sin apenas resquicios para la duda. Pero también esta novela tiene algo más, que a unos podrá gustar y a otros no tanto. Me refiero a que esta historia ambientada en Londres, desarrolla en paralelo un conflicto emocional, tan cercano a lo que conocemos como amor, que es puro y simple amor entre el perseguidor y la perseguida; entre el bien institucional y el mal intramuros. Porque Rufo presenta el microclima de las altas finanzas que no duda, si ello conviene al balance de resultados, ordenar la desaparición por incomparecencia vital de los rivales. Todo por el bien de la corporación.

Es un relato que concluye con la sospecha de que algunos de sus personajes tendrán una segunda oportunidad de reencontrarse y aclarar los malentendidos. Es un libro con la impronta de una escritora que tiene pendiente otra cita con el género.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

©Publicación: Revista CONTRALUZ