‘El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison’, de Robert E. Howard

 

 

|Alexis Brito Delgado|

 

Harrison cayó al suelo de espaldas, y yació allí, temporalmente ciego y sordo por aquella espantosa confusión. Cuando logró ponerse en pie, aturdido, observó la escena con asombro. No quedaba el menor rastro de la cabaña: tan sólo unos pocos troncos retorcidos, entre los que yacían algunos fragmentos de ropa desgarrada.

Howard se caracterizaba por su perseverancia. Aunque gran parte de su obra fue rechazada por los pulps de la época, el texano no cesaba de escribir hasta obtener la ansiada publicación. El mundo editorial no ha cambiado en absoluto desde entonces: grandes novelistas pasan desapercibidos mientras otros con ínfimo talento copan las listas de ventas. Si bien el género policíaco no era su punto fuerte significaba un mercado lucrativo en los años de la Gran Depresión; continuaría alternando historias del duro detective Steve Harrison con relatos de boxeo de la dupla de marineros Steve Costigan/Dennis Dorgan, los westerns humorísticos de Breckinridge Elkins, y las aventuras orientales de Francis Xavier Gordon, alias “El Borak”.

Inspirado por Lovecraft, compañero literario en Weird Talescon el que carteaba profusamente, Howard no tenía el menor problema a la hora de abordar el género de terror. Buena prueba de ello son obras maestras como “Las palomas del infierno”, “Gusanos de la tierra” o “El hombre del suelo”. En El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison (Los libros de Barsoom, 2009), el enfoque es diferente. Las tramas de “peligro amarillo” son reemplazadas por el estilo “weird menace” popularizado por Jules de Grandin de Seabury Quinn, en la que la influencia de lo sobrenatural resulta notoria. Violentos, oscuros y macabros, los cuentos del texano poco tenían que ver con los estereotipos del género.

Pueblos perdidos en la América rural, tumbas profanadas, rituales vudú, crímenes imposibles, espectros asesinos, pantanos llenos de peligros… El detective abandona el Barrio Chino para continuar luchando contra el mal. Su carácter sombrío, taciturno y obsesionado con el trabajo, no es un impedimento a la hora de impartir justicia. Una fuerza de voluntad inquebrantable, junto a sus puños de acero y un revólver bien cargado, lo harán prevalecer sobre las tinieblas en el lugar que muchos otros fracasarían. Harrison es un héroe: siempre alcanza el triunfo pese a todas las adversidades que se interpongan en su camino.

Con su atmósfera tétrica, cabezas cercenadas, odio ancestral entre familias y apariciones fantasmales, “Ratas en el cementerio” podría ser considerada la mejor historia del detective. Howard demuestra su pericia como narrador:

Como sintiendo su indefensión, las ratas se abalanzaron sobre él. Harrison luchó por su vida, como un hombre inmerso en una pesadilla. Golpeó, lanzó alaridos, maldijo, y las aporreó con el revólver de seis tiros que empuñaba aún en la mano derecha.

Sus fauces se clavaron en él, rasgando ropa y carne, mientras sus fétidos alientos acres le causaban nauseas; casi había quedado cubierto por completo por sus cuerpos ávidos y temblorosos. Intentó quitárselas de encima, golpeando con frenesí con demoledores golpes de la culata de su revólver de seis tiros.

Los caníbales vivos se abalanzaban sobre sus hermanos muertos. Llevado por la desesperación, el detective se giró de medio lado y clavó el cañón de su revólver contra la tapa del ataúd.

Ante el destello del disparo y su correspondiente estampido, las ratas escaparon en todas direcciones. Apretó el gatillo una y otra vez, hasta quedarse sin cartuchos. Las pesadas balas destrozaron la tapa, abriendo un gran agujero junto al borde. Harrison logró, al fin, sacar su mano entumecida a través de aquella abertura…

Con su atmósfera tétrica, cabezas cercenadas, odio ancestral entre familias y apariciones fantasmales, “Ratas en el cementerio” podría ser considerada la mejor historia del detective. Howard demuestra su pericia como narrador:

Como sintiendo su indefensión, las ratas se abalanzaron sobre él. Harrison luchó por su vida, como un hombre inmerso en una pesadilla. Golpeó, lanzó alaridos, maldijo, y las aporreó con el revólver de seis tiros que empuñaba aún en la mano derecha.

Sus fauces se clavaron en él, rasgando ropa y carne, mientras sus fétidos alientos acres le causaban nauseas; casi había quedado cubierto por completo por sus cuerpos ávidos y temblorosos. Intentó quitárselas de encima, golpeando con frenesí con demoledores golpes de la culata de su revólver de seis tiros.

Los caníbales vivos se abalanzaban sobre sus hermanos muertos. Llevado por la desesperación, el detective se giró de medio lado y clavó el cañón de su revólver contra la tapa del ataúd.

Ante el destello del disparo y su correspondiente estampido, las ratas escaparon en todas direcciones. Apretó el gatillo una y otra vez, hasta quedarse sin cartuchos. Las pesadas balas destrozaron la tapa, abriendo un gran agujero junto al borde. Harrison logró, al fin, sacar su mano entumecida a través de aquella abertura…

Howard por fin había descubierto la fórmula correcta. Los relatos de terror policíaco “El secreto de la tumba” (bajo seudónimo) y “Fauces doradas”, fueron publicados en el mismo número deStrange Detectives Stories(febrero de 1934), y “Ratas en el cementerio” (febrero de 1936) en Thrilling Mystery. En cambio, “La morada de la sospecha” y “La voz de la muerte”, permanecerían inéditos hasta ser rescatados del olvido a finales de los setenta y mediados de los ochenta, respectivamente.

El texano no volvería a escribir sobre Steve Harrison durante el resto de su breve y nutrida carrera literaria. En comparación, el detective palidece junto a célebres personajes como Conan de Cimmeria, Solomon Kane o el Rey Kull. A pesar de ello, no se encuentra tan alejado de estos a nivel de calidad y merece la pena leer sus historias. Ambos libros (El Señor de la muerte y otros casos de Steve Harrisony El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison) se encuentran agotados desde hace tiempo: solo cabe esperar que una reedición permita a nuevas generaciones disfrutar de los mismos.

Alexis Brito Delgado(Tenerife, 1980). Poeta, narrador, reseñista. Autor de las novelas Wolfgang Stark: El Último Templario (Editorial Releer, 2012) y Gravity Grave(Palabras de Agua, 2014). Sus relatos aparecen en I Antología Monstruos de La Razón, I Premio Grup Lobher de Relato Temático 2009, Selección Poesía Erótica Canaria 2013, Antología Steam Tales, Action Tales: Antología Pulp, Blue Bayou y otros relatos negros, Western Tales y Action Tales 2: Antología Pulp. Mantiene su blog en: https://alexisbrito.blogspot.com.es/


©Texto: Alexis Brito Delgado

©Publicación: Revista CONTRALUZ

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