¿Mentiendes?

 

|M. Á. Contreras Betancor|

 

(…)“no hay verdad más indiscutible que la mentira que todos queremos creer”…

Charla tiene alma de escribano, pero contrariamente a los usos, no se limita a dar fe de una sucesión de actos sino que es partícipe de los mismos; un protagonista en primera línea de fuego, un marinero embarcado en una nave con tantas vías de agua, que hasta las ratas se han despreocupado por saber, en caso de naufragio, cuál es la salida más cercana. Al fin y a la postre, la embarcación estácomandada por capitanes tan incompatibles –a priori– como un clan gitano y unos policías autonómicos inmersos en un particular proceso de autodeterminación e independencia… económica.

En Tiempo de ratas (Milenio, 2018) Marc Moreno presenta a unos personajes, sobre todo el trío calamidad, (junto a Charly, los dos que aparecen a continuación) que viven en La Verneda, un barrio abandonado por esas instituciones tan preocupadas por la cohesión social que prefieren –permítame el galimatías– no hacer nada que no sea pintar muros, elaborar estudios para la regeneración del tejido urbano…(y si hay tiempo, hasta del humano).

Pero no toda la culpa del abandono (o amnesia oficial) debe pesar sobre las siempre robustas espaldas de los gestores de la cosa pública (en un insultante porcentaje, carne de un presidio que jamás llegará); una parte alícuota de responsabilidad recae en muchos de esos vecinos –espero que los puros de espíritu no reclamen mi  sacrificio en los quemadores de la corrección política– que presas de sus particulares tragedias cierran ojos y bocas e interioridad su malestar: No estoy generalizando.

Y luego, de esos otros que se pasan el rato cabreados con el mundo, sobresalen Eloy y el Mentiendes a quienes el escritor barcelonés retrata a la perfección. Sus quejidos, con sólo diecinueve primaveras, no pasan de seruna pose, que quienes hemos rulado por esos hábitats tan bien conocemos. Entonces, una madrugada que va dejando paso a la luminosidad matinal, me encuentro a Eloy de farlopa hasta las trancas riéndose de esos “pringaos” que van a trabajar por un sueldo de mierda y cuando creo que me hallo ante la rendición absoluta surge un brillo que se apagará, pero surge: el Mentiendes reacciona por un momento y añora ser uno de esos que van al curro. Ese pibe con un padre que martiriza a la “mama” mientras la vida “se le escapa entre los dedos amarillentos”. Tengo sentimientos de pura ambivalencia con estos chavales.

Una parte de los personajes tendrán algo que decir, que hacer y que olvidar. Algunos se reunirán con sus antepasados para desgracia del más allá mientras que otros improvisarán y algunos más –Jessicas mediante– se quedarán contemplando el decorado a la espera de que la sempiterna comisión municipal –porque siempre hay una agazapada tras la mesa de roble– acuerde una serie de medidas en pos de un futuro mejor para ese barrio de parados, jubilados y delincuentes, estos últimos, siempre dispuestos a ‘maldecir’ su presente, olvidando el pasado y quemando un incierto futuro.

Pero esto sólo es una opinión que jamás podrá cuestionarse sin antes haber leído Tiempo de ratas.


©Texto: M.Á. Contreras Betancor

©Publicación: Revista CONTRALUZ

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