Susana Rodríguez Lezaun: “Soy un animal social y me encanta estar con la familia y con los amigos”

 

 

|M. Á. Contreras Betancor|

 

Susana Rodríguez Lezaun (sin tilde en el segundo apellido) nació en Pamplona en 1967. Es periodista de vocación y profesión que hizo realidad tras cursar los estudios de Ciencias de la Información en la Universidad del País Vasco. Es la flamante directora de Pamplona Negra, cargo al que accedió el pasado mes de enero. Sin retorno y Deudas del frío forman el duo negro, y como no hay dos sin tres, tendremos un nuevo título a partir del próximo 3 de mayo con la puesta a la venta de Te veré esta noche, una historia que vuelven a protagonizar el inspector David Vázquez e Irene Ochoa.

 

En una ciudad [Pamplona] en la que era más importante aparentar que tener…” se abren grietas [Sin retorno] ¿Qué se ve? ¿Quién pierde?

Pamplona es una ciudad que ha pasado muchos años encerrada en sí misma, mirándose el ombligo, pero desde hace un tiempo se está produciendo un movimiento aperturista rápido, intenso y muy interesante. Llegan nuevas corrientes culturales, se organizan festivales, conciertos y congresos en la que la participación es masiva, recibimos a mucha gente y nosotros salimos cada vez más al exterior… Sin embargo, en Pamplona, como en todo el mundo, todavía nos dejamos llevar por las apariencias, tendemos a juzgar y a catalogar a la gente por lo que tiene, o por lo que creemos que tiene, y eso no es bueno en absoluto, no es la esencia de las personas. En eso Pamplona está trabajando duro, las nuevas generaciones son mucho más abiertas que sus mayores, dan menos importancia a lo que pareces y más a quién eres o cómo te comportas. A la esencia. Si nos perdemos eso, desde luego que perdemos todos, pero como siempre, hay quien da prioridad a un buen traje que a una buena acción. Pero eso pasa en Pamplona, en Madrid y en Bilbao.

Trabaja como correctora en la editorial Penguin Random House ¿Le tiembla la mano cuando usa la tinta roja? ¿Se tacha lo justo o es una cuestión de apreciación? ¿O cada uno opina según le ha ido en la feria?

Yo respeto muchísimo al escritor cuya obra tengo entre las manos. Sé cuánto cuesta dar vida a una novela, o a cualquier otro tipo de creación literaria, y yo sólo estoy ahí para intentar mejorarla, para eliminar los pequeños errores que todos cometemos (yo la primera). Desde luego, una corrección siempre es subjetiva, yo puedo pensar que determinado verbo queda mejor que otro, pero al final es el autor el que tiene la última palabra. Yo intento detectar esos deslices que se suelen escurrir en los escritos, como fechas cambiadas, saltos en el espacio o en el tiempo, además de las cuestiones tipográficas y de estilo que marca la editorial. Medito mucho cada corrección y me gusta conocer la obra previa del autor al que me enfrento para conocer su estilo y ser fiel al mismo. La mano del corrector debe ser muy sutil, casi invisible, pero cuando hay que tachar, se tacha. Todos somos humanos y cometemos errores, no hay que avergonzarse por ello sino aprender.

Usted se decantaba por el periodismo desde su más tierna infancia inspirada por el trabajo de Carmen Sarmiento (de ahí la pistola [Nicaragua 1982] ante Carlos Bassas en la clausura de Pamplona Negra 2018) En estos tiempos de posverdades ¿para qué sirve un periodista?

¡No había pensado en el detalle de Nicaragua 1982, pero ahora que lo dice…! De algún sitio tiene que salir el espíritu homicida… Ahora en serio, no recuerdo haber querido ser otra cosa en mi vida que periodista. Veía en televisión los reportajes de Carmen Sarmiento o de Maruja Torres, y de tantos otros reporteros que trabajaban literalmente en la trinchera, sin teléfonos móviles, internet ni ningún tipo de cobertura de seguridad, y ya les decía muy seria a mis padres que yo quería ser como ellas. No acabé en la trinchera, pero sí he trabajado muchos años como periodista, y sigo siéndolo, aunque no ejerza. De hecho, estoy convencida de que el periodismo es como la medicina, una profesión vocacional. Hay que querer ser periodista, trabajar mucho y estar dispuesto a crearte enemigos por contar la verdad, sin ponerse al servicio de nadie más que del público que te lee, te oye o te ve en televisión, y ahora en internet. Sin periodismo, el poder y la corrupción han triunfado. Necesitamos un periodismo sin complejos y sin bolsillos, que no se venda y que esté dispuesto a dar la cara. Por desgracia, no corren buenos tiempos para la profesión…

Festivales de novela negra a mayor gloria de ¿escritores, editoriales, directores, público..?

Del público, siempre del público. Hablaré sólo desde mi propia experiencia, que como todo el mundo sabe es todavía breve. Las editoriales nos presentan a sus autores, y los autores nos presentan sus obras, pero el programa de Pamplona Negra se hace siempre pensando exclusivamente en lo que puede interesar al público, en los escritores a los que les gustaría escuchar, y no necesariamente hablando de sus libros, y en los temas por los que sienten curiosidad. Se trata de acercar el género negro al público en general, y no sólo a los lectores de este tipo de literatura. Quien no lee también tiene un hueco en Pamplona Negra. Y desde luego, el director, en este caso directora, es sólo un peón que se mueve a mayor gloria del festival y a mayor disfrute del público. Si un día deja de ser así, por favor, que me despidan.

El cuaderno que tiene para Pamplona Negra 2019 ¿tiene más ideas que certezas?

Mitad y mitad. Tengo confirmadas algunas presencias que me hacen especialmente feliz porque creo que al público le van a entusiasmar, y varias actividades que espero que tengan un buen recibimiento. Me falta gente con la que contactar, escritores y profesionales que me gustaría ver sobre el escenario de Pamplona Negra, pero tengo ocho meses por delante y espero no encontrar demasiados tropiezos. Salvo uno, que todavía no he logrado solventar pero no he dado por perdido (soy muy cabezota y perseverante), los pasos más importantes ya están dados. ¡Y no puedo decir nada más!

El 3 de mayo es la presentación de su tercera novela, que lleva por título Te veré esta noche. Cuénteme algo.

Te veré esta noche (DeBolsillo, 2018) es la más intensa de las tres novelas que he escrito hasta ahora, la más dura, quizá, y también la que más me ha costado escribir, pero estoy contenta con el resultado. La novela es una cuenta atrás, una carrera contrarreloj en la que el lector participa desde el principio. De hecho, los capítulos están numerados del diez al cero. La trama transcurre en diez días y narra la desaparición de una familia, de la que sólo la madre ha quedado libre. El caso está tejido con hilos muy oscuros, se respira la maldad. A la vez, el inspector Vázquez se tiene que enfrentar a la verdad, que Irene Ochoa, la mujer con la que compartía su vida, es una asesina que ha matado al menos a tres personas. Y luego está Irene, por supuesto, su huida y el desenlace de toda esta historia. He intentado que la tensión se mantenga desde la primera hasta la última página. Los lectores me dirán si lo he conseguido.

No se asuste, pero ¿qué espera de la vida que la ficción no pueda ofrecer?

La ficción es un lugar en el que me encanta estar, porque ahí puedo crear mi propio mundo e inventar historias que salen de mi mente, atraviesan mi cuerpo y se plasman en un libro. Es una sensación incomparable. Pero no hay nada como el contacto humano, como una buena charla, las risas, incluso las discusiones con o sin sentido, leer los libros de otros… Me gustan las personas, siempre lo he dicho. Soy un animal social, muy social, y me encanta estar con la familia y con los amigos, aunque sea para no hacer nada. Eso no me lo da la ficción. No podría vivir encerrada en la ficción, por muchas satisfacciones que me dé. Necesito el contacto humano.


©Texto: M. Á. Contreras Betancor

©Publicación: Revista CONTRALUZ

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