|Salva Alemany|

 

Francisco Bescós nace en Oviedo en 1979. Es publicista y escritor. Ha trabajado como redactor creativo para grandes marcas en agencias de publicidad multinacionales. Compagina esa labor con la literatura. Maneja registros literarios muy diferentes, desde el género negro canónico hasta el humor absurdo. Ha colaborado con la revista online Suburbano.net, para la cual escribió durante dos años la columna cómica “GMT. Anticrónicas europeas” (todos los artículos fueron reunidos en un e-book por Suburbano Ediciones en 2013). En 2014 gana el Concurso Internacional de Relatos Policíacos de la Semana Negra de Gijón con Hombres de negocios. A finales del mismo año gana el Certamen Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona, con la novela El baile de los penitentes, publicada por la editorial Almuzara. El costado derecho fue su segunda novela. El porqué del color rojo, tercera novela y segunda de la saga de Lucía Utrera, ‘La Grande’, ha sido galardonado con el premio Pata Negra 2018.

 

Sinopsis

La aparición del cadáver de un temporero durante la vendimia en la Rioja Baja es el punto de partida de una historia que, como un iceberg, esconde bajo su apariencia insignificante una trama en la que se sumergen la trata de inmigrantes ilegales, el yihadismo, la propia estructura de la Guardia Civil, los poderes ocultos que controlan las mafias y hasta alguna que otra sorpresa proveniente del pasado. La teniente Lucía Utrera, alias la Grande, tiene que hacer frente a una investigación que se complica a cada paso, rodeada de subordinados inexpertos, de mandos que tratan de hacer de su fracaso un triunfo personal, de mafias sin escrúpulos y de fantasmas de su pasado que se niegan a desaparecer.     

 

Reseña

El porqué del color rojo (Salto de página, 2018) es una novela coral, como lo era también la anterior entrega de la saga de Lucía Utrera El baile de los penitentes. El comienzo es de esos que te sujetan por la garganta, te miran a los ojos y te preguntan si tienes lo que hay que tener para seguir leyendo. En caso afirmativo, no hay vuelta atrás.

Enmarcada dentro de lo que podríamos denominar noir rural, ese subgénero negro que se aleja de arquetipos urbanos para situar la acción en ambientes rurales, en pueblos en los que la vida transcurre a un ritmo diferente y en los que un suceso como la aparición de un cadáver despierta una expectación desmesurada.

Bescós tiene la virtud de dibujar personajes singulares, únicos, como la propia Utrera, andaluza capaz de tratar a sus subordinados como “niño” y a continuación castigarlos con los trabajos más penosos. Especialmente reseñable es el padre Borobia, cura ácrata que blasfema con la misma naturalidad con la que habla y cuya falta de mesura lo convierte en alguien entrañable.

Si en la anterior entrega El baile de los penitentes la teniente Utrera tenía un protagonismo casi secundario, en este El porqué del color rojo su protagonismo es casi absoluto, convirtiéndose en el eje de toda la trama. Su faceta como madre de familia y esposa de su inseparable Bernard, cuyo protagonismo me sabe a poco, es un contrapunto perfecto a las miserias con las que tiene que lidiar día tras día. Una visión inédita en la novela policíaca, la del marido-florero Bernard, que lo abandona todo, país, familia, trabajo, para cuidar de la teniente Utrera y del hijo que tienen el común, asumiendo una vida en la casa cuartel a la sombra de una mujer a la que ama por encima de todas las cosas.

La trama, en principio sencilla y de poco recorrido –la aparición de un temporero de la vendimia muerto- se ramifica extendiéndose en infinidad de subtramas hasta convertirse en una historia coral en la que Bescós parece sentirse como pez en el agua. Confieso que el problema de una estructura de este tipo es que uno inevitablemente le coge cariño a unas historias sobre otras, y a mí particularmente me interesa la del coronel Adolfo García, quizás por ese comienzo tan magnífico que tiene la novela, y la de su hijo Francisco Javier, cuyo desarrollo me sabe a poco.

Como toda buena novela negra, la historia no está exenta de crítica social, en esta ocasión en forma de mafias de inmigrantes que malviven en condiciones de semi esclavitud y que no son ajenas a cualquiera que conozca un poco el mundo de los temporeros en el ámbito rural. Y son precisamente esos jóvenes, temporeros inmigrantes sin futuro, los que se convierten en objetivo de un yihadismo siempre presto a reclutar desencanto para convertirlo en odio. 

La teniente Utrera, incapaz de abarcar la dimensión de un caso en el que se entrelazan las mafias, el yihadismo, y la falta de escrúpulos de empresarios dispuestos a sacar tajada, se siente como la directora de un circo de varias pistas en las que todo sucede sin que el lector tenga apenas tiempo de respirar. El ritmo es constante y tan solo las relaciones personales entre los personajes aportan la pausa y la calma que todo buen relato necesita.

La conexión de un antiguo militante terrorista con el yihadismo se convierte para Utrera en un fantasma que la transporta a los años más duros de su carrera profesional, a un episodio que la atormenta y que quisiera olvidar, pero que abre heridas que ella creía cerradas para siempre.

Es esta una novela estupendamente armada, con un colofón a la altura de la trama, aunque personalmente me hubiera gustado que se hubiera resuelto de manera tácita entre Lucía y Bernard, con una simple mirada de complicidad, pero ahí ya estoy queriendo formar parte de la historia, y es entonces cuando me doy cuenta de que llegados a este punto es imposible negar que la historia me ha atrapado y la he disfrutado hasta el punto final. 


 

©Texto: Salva Alemany

©Publicación: Revista CONTRALUZ

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