Javier Hernández Velázquez: “El pasado siempre está dispuesto a resucitar”

 

|Miguel Ángel Contreras Betancor|

 

Javier Hernández Velázquez (Santa Cruz de Tenerife, 1968) es abogado y funcionario de carrera, pero también es un escritor con el alma negra, un ser humano que sangra como casi todos, a través de esas grietas que horadan el alma. Un urbanita de norte a sur. Un poeta de versos sueltos.

 

El mayor patrimonio que tiene una sociedad es su memoria. No me equivoco si afirmo que usted no es partidario de pasar página.

Todo lo contrario. Quiero resucitar a todos nuestros muertos: a Domingo López Torres, que aparece en El fondo de los charcos (Baile del Sol, 2011)resucitar al maldito de los ‘fetasianos’, Antonio Bermejo y rescatar el último movimiento cultural que significóGaceta de Arte con la exposición de esculturas en la calle. Hay que mirar hacia atrás para traerlos hasta el presente.

Consejos para sobrevivir a un bombardeo.

Nunca bombardees Pearl Harbour es un lema que tiene Mat Fernández, y mi vida la rijo por lemas, que en un momento determinado pueden ser importantes. Lo que implica Nunca…es que siempre que vayas a tomar una decisión drástica piensa en las consecuencias.

¿Qué hace un Mat en Barcelona, sin licencia para husmear?

Mat intenta sobrevivir, intenta encontrar una razón para seguir viviendo con todo lo que le ha pasado. Mi abuelo me dio un consejo cuando era niño: “Siempre hay que tener una razón para vivir y para morir”. Mat sabe que llegará su día, pero mientras, hay que continuar andando. No podemos permanecer quietos.

Dígame una posverdad.

Cómo se ha tergiversado lo que es Canarias. He dicho que la mentira es más creíble que una verdad. Domingo Pérez Minik ya dijo que el archipiélago es una entrada y salida de viajeros; Canarias está marcada por el puerto y ese ir y venir implicaun trasiego de ideas. Eso es Canarias y no lo que nos están vendiendo.

Hábleme de la redención.

A veces el pasado siempre está dispuesto a resucitar. [En su última novela] cuando crees que has armado todas las piezas del puzzle, que éste ha salido perfecto y sigues adelante –tu mujer ha sido asesinada y tienes que encontrar una razón para vivir– de pronto las piezas no encajan. Es difícil desandar todo lo andado. Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas.

¿Su etapa como escritor tiene fecha de caducidad a expensas de alcanzar objetivos?

Funciono por objetivos y no por quimeras. No puedo estar toda la vida escribiendo, entre otras razones, porque no vivo de esto y tengo otra vida más allá de la escritura. En el fondo soy un poeta.

Me puse a escribir sobre algo que estaba viviendo: la corrupción urbanística; adquirí conciencia de que la movilización no puede quedarse únicamente en las palabras, sino en la acción. Lo que escribo es igual a como actúo. No me refugio en mi literatura. La gente me pregunta hasta dónde llega Javier Hernández y dónde empieza Mat Fernández, pues Mat vive en la misma casa donde residía yo en Santa Cruz. Mat me permite hacer cosas –y no es mi alter ego– que no puedo hacer por un tema de responsabilidades (familiares). Cuando estás solo puedes llegar hasta el final.


©Texto: Miguel Á. Contreras Betancor

©Publicación: Revista CONTRALUZ

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