Tenerife Noir: Cuando se nota el amor al arte

|Miguel Ángel Contreras Betancor|

Y con esta edición van tres, y visto lo visto, 2019 será el año en el que el Festival Atlántico del Género Negro Tenerife Noir cumplirá su cuarto año acercando hasta estas asirocadas islas lo mejor de la producción literaria nacional negra y policial. Y aunque lo dicho hasta ahora pudiera asemejarse a una obviedad, aleje ese pensamiento, expúlselo de su interior, exorcice cualquier aproximación demoniaca, porque contar hasta tres en eventos de estas características, más que suerte, es un milagro. Un milagro que nada tiene que ver con un hecho sin explicación con las leyes naturales en la mano. Organizar un acontecimiento literario es una tarea humana con nombres y apellidos y el Tenerife Noir está lleno de cariños y profesionalidad.

Viernes 2 de marzo, 11:30 de la mañana. Día soleado y el avión que me ha transportado desde Gran Canaria aterriza en el Aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife Norte). Como no he facturado el equipaje me lanzo como alma que lleva el diablo en busca de una guagua que me conduzca hasta Santa Cruz. Ingenuo de mí, me digo que tengo por delante todo el día, hasta que descubro cómo pasan los minutos, muchos minutos y la guagua no aparece hasta una hora después. Respiro profundamente y recuerdo una frase de El halcón maltés: Desconfío del hombre que pone límites. Si ha de tener cuidado de no beber más de la cuenta es que cuando bebe no es de fiar”. Extraña asociación de ideas.

Tras dar buena cuenta de unos filetes de pollo a la plancha, pasear a la sombra de arbustos y respirar mientras recordaba alguna visita a la capital tinerfeña en mi tierna infancia, llega la hora.

19:30 En la Biblioteca Municipal TEA se dan cita Luis Roso y David Knutson para charlar sobre el noir y el ámbito rural y recuerdo una reflexión del autor de Aguacero cuando explica quién es Ernesto Trevejo: “Él es un policía del régimen. No es un fanático ni un fascista: Trevejo no es inmoral sino amoral”.

Tras otra serie de análisis en torno a las posibilidades que ofrece el hábitat rural para situar en él, tramas negrocriminales sin la necesidad de copiar ningún Puerto Urraca, se hizo un alto en el camino, un respiro en tonos algo más claros para coger impulso. Y se habían creado los habituales corrillos que formaban conocidos con recién llegados, amigos de otros amigos, lectores con escritores, presentes en busca de ausentes como si Pirandello hubiera dejado algún delegado a la espera… y de repente se hizo presente la figura de Alicia Giménez Bartlett de su mano venía la inspectora Petra Delicado y con ellas muchos recuerdos y de ella, la autora, muchos más.

Sábado 3 de marzo. Antes de enfrentarme a un día lleno de actividad, me fui hasta la terraza del hotel y allí, mientras contemplaba las primeras luces del alba no sé por qué repetía: “Ningún hombre es inútil mientras tenga un amigo”. (Conspiración de silencio). Con el título de ‘Canarias, escenario de lo criminal’ se abría la primera edición de 7 Balas, Feria del libro negrocriminal hecho en Canarias, un diálogo que contó con la participación del escritor grancanario José Luis Correa, creador del investigador Ricardo Blanco y de Lourdes Ortiz, quien con su novela policiaca Picadura mortal (1979) hace que irrumpa Bárbara Arenas, la primera detective de la literatura española.

Y de esa mesa se levantó el escritor y su puesto fue ocupado por Alicia Giménez Bartlett que junto a Ortiz y moderado por Yanet Acosta hicieron un repaso de sus peripecias al introducir a la detective y a una inspectora de policía en la novela criminal española. Expectación entre el público que acudió al Círculo de Bellas Artes mientras en el exterior, la calle Castillo iba llenándose de idas y venidas, nutriendo las vías perpendiculares, acercando y alejando.

Llega el mediodía, no hay tiempo para recoger la escena del crimen porque otras siluetas ocupan el espacio, llegan cinco veteranos que suman… mejor obviamos el dato y entramos al trapo, pero antes creo escuchar que alguien dice: “El precio fue dejarme con vida”. (El beso mortal).

Alexis RaveloAntonio Lozano, José Luis Correa, Mariano Gambín y Javier Hernández formaron a lo largo de la mesa para narrar cómo se construye un investigador insular, hacia dónde van sus personajes y cuánta cuerda puede quedar a cada uno (los personajes, claro). Créame, pero no percibí decaimiento entre los escribidores de lo negro, es más, podría apostar lo que nunca he tenido cuando afirmo que los cinco gozan de buena salud.

Y de repente se hace un alto en el camino, ha llegado la hora de desvelar un secreto, de hacer público el resultado de una votación, de conocer al ganador del premio Novelpol, y para tal ocasión nadie mejor que José Ramón Gómez Cabezas, el presidente de la Asociación de Amigos de la Literatura Policiaca. Silencio… El merecedor del premio ha sido: Carlos Augusto Casas por su novela Ya no quedan junglas adonde regresar.

¿Es lícito cometer un delito con el estómago más vacío que el cerebro de un aniquilador de ilusiones? La respuesta es: No, pero la realidad se empeñaba en retorcer las ansias y claro, quién es el primero en demostrar sus debilidades cuando te ofrecen la posibilidad de descubrir El sabor de matar al padre a cargo de la escritora Yanet Acosta, autora de El chef ha muerto, Noches sin sexo y Matar al padre. Con unos vinos tinerfeños, tintos y dulces, la experta gastronómica contó con la ayuda de Lucas Gamonal, un chef y repostero de calidad contrastada. Le aseguro que tras la experiencia de sabores todos salimos contentos y con el recuerdo de nuestros padres libre de toda sospecha.

Sin tiempo apenas para saborear el café tras la comida y cuando atravesaba un callejón oí que alguien decía: “Tú eres experto en sobornos, yo sólo cumplo con mi deber” y casi me dio por añadir: “Eso es porque creen que el silencio y la integridad son la misma cosa”.(L.A. Confidential).

Aceleré el paso y llegué cuando se estaba presentando al cuarteto que conforman Las nuevas voces de la novela criminal en Canarias, y allí estaban Arantxa Rufo, Carlos Ortega Vilas, Christian Santana y Enrique Carrasco. Estas jóvenes realidades, leídos sus trabajos, envían un mensaje muy claro: el género negro y policial insular goza de una envidiable salud, tan buena como mala es la realidad de la que se nutren; porque de la vida nacen los argumentos de los que nutren sus ficciones, y digo ficción porque no hay manera de superar los embates diarios.

La dosis sabatina llegaba a su final después de que Servando Rocha hablase de algunas historias criminales y que Javier ManzanoElena Melián y el propio Servando  analizaran los pros y contras (si los hubiera) de las nuevas tecnologías y estrategias para un sector en cambio.

Regresé a mi casa, pero el asunto no quedó ahí.

Viernes 09 de marzo: 10:30 de la mañana. De nuevo el avión (otro avión) aterriza suavemente sobre la pista del aeródromo lagunero. En esta ocasión, más ligero de equipaje, me lanzo a la parada de guaguas rezando porque mi vida no se consuma esperando a ese vehículo de dimensiones establecidas ¡Albricias! Llego y beso al santo… allí está esperando a que me acerque hasta él.

Este regreso a Tenerife Noir fue muy intenso. Empezó en los estudios de Radio Nacional de España para grabar Sexto Continente, el café literario de Radio Exterior que dirige con maestría y mucha alegría, Miguel Ángel de Rus, el también responsable de M.A.R Editor, el sello que organiza, entre otros, el Premio Wilkie Collins de novela negra. En el caserón que alberga las instalaciones de la radio pública nos encontramos Olga Mínguez Pastor, ganadora del VII Premio Wilkie Collins con la novela La absurda existencia de Dalila CondeArantxa Rufo, autora de En el punto de miraPascal Buniet, y su Sombras en la meta (Accésit del VII Premio W. Collins) y Javier Hernández Velázquez, director de Tenerife Noir y que estaba de estreno con su nuevo trabajo Nunca bombardees Pearl Harbor, que recupera al famoso investigador Mat Fernández. De lo que allí se habló, y se habló mucho y bien de literatura, nada mejor como bajarse el podcast del programa 185.

Llegó la tarde con esas luces que presagian la habitual oscuridad y en la sala del Ámbito Cultural de El Corte Inglés chicharrero, con una capacidad para noventa personas que quedó desbordada, se presentó Nunca bombardees Pearl Harbor, un acto que estuvo a cargo del periodista Jorge Dávila Negrín, subdirector del periódico El Día, y en el que se hizo un repaso, evitando destripar el argumento, tanto de esta nueva entrega que protagoniza el investigador Mat Fernández como de las anteriores. Durante el evento, Javier Hernández reflexionó en torno a su ciudad, el pasado del entorno urbano que marca la vida: la intensidad dependerá de cada uno.

Tras este primer acto, correspondió el turno a la ganadora del Wilkie Collins, Olga Mínguez Pastor, aunque aún resuenan en mis oídos las palabras de un tipo que se acercó por el lugar: No tengo ánimos para reírme dos veces”, (El tercer hombre). Preferí alejarme discretamente y ocupar mi sitio en la primera fila, era el momento de conocer alguna reflexión de la escritora ilicitana. Y habló de abusos, de  sectas y esclavitud… Habló de Dalila Conde.

Una semana más tarde

Jueves 15 de marzo, a eso de las 12:00 horas. Lluvia, niebla y otra aeronave posando su esqueleto en el mismo aeropuerto. Y sí, otra vez acelerando el paso en pos del verde vehículo de transporte de viajeros que… ¡No me lo puedo creer!, estaba allí, imponente ocupando su espacio ¿qué podría salir mal?

La tarde avanza, pero no es una tarde cualquiera, en esta ocasión cruzo el puente Serrador con pálpitos porque al final del trayecto podré conocer al maestro (en justicia) Petros Márkaris al que la organización del festival agasaja como corresponde a “uno de los nuestros”, con un sombrero de color negro y muchos aplausos. Tiro unas fotos y escucho al escritor ateniense, pero cuyos ojos vieron las primeras luces en Estambul, narrar con ese inconfundible sonido con el que la lengua griega es capaz de envolver todos los rincones de la Biblioteca Municipal TEA.

Viernes 16 de marzo, cuando el gallo aún no se ha sacudido los rescoldos del sueño, ultimo los preparativos de un hecho del que no tengo ni puñetera idea cómo transcurrirá porque alguien ha decidido que pase y se guarda la sorpresa. Y mientras ajusto ideas (soy incorregible) mi  cara se queda al borde de un pasmo cuando te dicen:

Miguel Ángel, sube al escenario para…

–…¿Qué pinto yo ahí?

Vas a entrevistar a Petros Márkaris

Javier Hernández Velázquez –el director/comisario– (Alejandro Martín Perera, el puntal de TFN, nunca está muy lejos de la escena del crimen) es quien me regala la posibilidad de preguntar al creador del comisario Kostas Jaritos, en el salón de actos de la Casa de la Cultura santacrucera con motivo del programa escolar Islas de tinta; así, sin calentamiento previo, sin preparador físico que me acompañe a lo largo de la banda y con un centenar de espectadores al loro: Salto al césped y de repente, una frase: “El individuo rigurosamente supersticioso es también casi siempre un creyente ciego en el destino”, (A sangre fría).

Y hubo más, porque ese viernes nos ofreció un par de visiones con el vino como gran protagonista, desde el viticultor Jordi Arnán y la uva collita roja, pasando por Susana Martín Gijón (Vino y pólvora, Anantes), Paco Bescós con (El porqué del color rojo, Salto de Página) y el escritor peruano Santiago Roncagliolo. Luego, junto al cauce del Barranco de Santos, más charlas, algo más de vino y saludos y hasta otra, nos vemos y ¡vuelve pronto!

Sábado 17 de marzo. Esto llega a su final. Los convocados nos presentamos en el Hotel Escuela Santa Cruz. Hola, cómo estás. Entremeses en forma de cuatro escritores, los candidatos al IV Premio Santa Cruz en una mesa moderada por Ricardo Bosque y, por consiguiente, el calibre adecuado. Ellos respondieron a los nombres de Carlos Augusto Casas, Alexis Ravelo, Juanjo Braulio y Agustín Martínez. Charla amena. Ahora tocaba ir al comedor.

Aprovechando el paréntesis, me acerqué hasta un ventanal mientras elucubraba sobre quién podría ser el ganador de la noche, y por esos designios del destino, pude oír como una voz de mujer decía: “Con todo mi corazón sigo amando al hombre que maté”, (La carta). No pude por menos que sonreír y mirar tras un ficus enano.

No hablaré del menú –muy bueno-, sí puedo afirmar que la compañía en la mesa en la que mi maltrecho cuerpo se detuvo fue inmejorable. Seguro que Maica Rivera, Paco Bescós, Jorge Dávila Negrín Eduardo García Rojas, coinciden… ¿verdad que sí?; de lo que no me cabe duda es de que tú estabas radiante.

El ganador fue Carlos Augusto Casas por su ópera prima Ya no quedan junglas adonde regresar. Mientras el premiado recibía los justos (por muy merecidos) halagos de la concurrencia, tomé distancia y observando el salón que nos había acogido durante unas horas no pude por menos que encomendar mi estómago a la pastilla antiácido (y no por la calidad del menú) y recordar a Germán Areta cuando dijo: “Mi trabajo es como otro cualquiera: duermo poco, ando mucho, y lo que veo no me gusta”, (El Crack). Bueno, en mi caso, mucho de lo que leo me gusta y algunos de los seres que conozco, también. Pero esto sólo es una opinión.


© Texto: M. Á. Contreras Betancor

© Publicación: Revista CONTRALUZ

© Fotos: Tenerife Noir y MaCon

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *